lunes 15 de febrero de 2010

Mi última llegada a Bangkok

He llegado muchas veces a Bangkok y cada vez ha sido diferente. Pero, sin duda, esta última vez ha sido la más diferente de todas.

Recuerdo mi primera vez, aterricé sin la misma intensa emoción de la llegada a Nairobi, en Kenia. Esa primera llegada a Bangkok estaba llena de incertidumbre y de serenidad. También de agotamiento. Recuerdo aquel Jet Lag como uno de los peores que nunca he tenido.

Otras veces he llegado a Bangkok de paso, camino a otro país, o para quedarme temporalmente, como los últimos meses de mi periplo asiático, junto a Paqui.

Esta última llegada a Bangkok ha sido muy diferente. Ha sido una llegada para quedarse, al menos un tiempo, viviendo en la ciudad como uno más, trabajando, viajando sólo en vacaciones, pagando mis impuestos, etc.

Tras haber vivido en Barcelona y Madrid, Bangkok parece muy diferente, pero en realidad me recuerda mucho a Madrid.

En todo caso, no llego a una ciudad desconocida, ni llego sin amigos.

Cuando aterricé estaba todavía preso de la nostalgia y ciertas dudas acerca de la decisión tomada. Sin embargo, Alex y Jose me acogieron en su casa como a un hermano


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y bastó tan sólo 1 día interactuando con la gente de esta ciudad para corroborar que había tomado la decisión correcta. Simplemente el taxi que me llevó desde el Aeropuerto a la ciudad me alegró el día.

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Llegué a Bangkok hace 15 días pero me siento como si hubieran pasado 2 meses. Han sido 15 días muy intensos. He encontrado un trabajo, estoy batallando con los papeles para el Work Permit, he buscado incesantemente apartamento hasta encontrar uno adecuado y he estado mucho tiempo acompañado de mi gente, haciendo cosas y moviéndome sin parar. Me ha dado tiempo, incluso, para visitar un nuevo lugar: Koh Samet.

Hay una cosa en común en todas mis llegadas a Bangkok: siempre me he sentido COMO EN CASA.