sábado 30 de agosto de 2008

Miedos y gozos

Esta tarde hemos tenido algunos de esos momentos mágicos a los que sólo la improvisación te puede llevar.

Ukunda es la población principal junto a las playas de Diani, en el sur de Mombasa, donde nos encontramos desde ayer hasta el lunes. Tras una segunda noche consecutiva de juerga loca y un d'ia de playa hemos quedado abatidos tras la comida en el 'hotel' (Diani Beach Campsite & Cottages) y nos hemos despertado a base de partidas de cartas al 'rápido', juego 'de piscina' de nuestra época adolescente en El Pont de Suert.

Hemos ido a Ukunda a pasear un poco por el pueblo que, como muchos otros, se distribuye lo largo de la carretera.

Me ha costado mucho, pero he conseguido convencer a Jordi y Lara para callejear un poco, ya atardeciendo. Quizás tengan razón y sea un poco inconsciente y necesite que me den un susto. Pero de momento no he sentido inseguridad en los lugares que he visitado, y la única norma estricta que me marco es no caminar de noche por calles con mala pinta (no confundir mala pinta con calles poco arregladas o pobres, que es lo habitual) solo por la noche.

Hemos llegado hasta el mercado, con puestos de frutas y verduras, muchos de ellos ya desmontados.

Al pasar el mercado había un grupo de niños. Como he hecho con otra gente que hemos ido encontrado por la calle, les he saludado y me han contestado muy educadamente. Me he parado con una niña de unos 2 anyos para decirle lo mucho que me gustaba su pelo, y ahí ha empezado todo.
Los ni
ños se han ido acercando uno a uno para saludar, Lara ha sacado la cámara y ya entonces se han juntado todos para salir en la foto y han empezado a flipar al ver como han quedado las fotos. Todo ha acabado con unos 20 niños cantando y jugando con Lara mientras Jordi y yo entrábamos y salíamos del grupo mientras hablábamos con un chico que está acabando el instituto y nos contaba lo contentos que se ponen los ninyos cuando ven hombres blancos.

Ha sido un momento mágico y lo hemos cortado para seguir nuestro paseo y dejar a los niños seguir jugando.


Sin saber como, nuestros pasos nos han llevado a un garito donde tocaban música Luo (el mismo tipo de música que mi primera noche en África ) y hemos decidido ser los primeros en ponernos a bailar.
Se ha ido uniendo gente a la pista de baile y el garito ha empezado a llenarse.

Creo que Lara y Jordi están apreciando tanto como yo esos momentos, que quedan muy lejos de safaris, playas paradisíacas, hoteles y restaurantes de lujo, pero quedan muy cerca de uno de los centros neurálgicos de la felicidad, quedan muy cerca del corazón.

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jueves 28 de agosto de 2008

Ya tengo aquí a Lara

Aquí estoy en un ciber en Mombasa con Lara a mi izquierda y Jordi a mi derecha.
Ayer recogí a Lara en el Aeropuerto Internacional de Nairobi. Fué emocionante verla después de un mes y medio.

De momento le ha encantado todo lo que ha visto en estas casi 24 horas que lleva aquí. El olor y el color de África está calando lentamente en sus huesos.
Coincidimos, como con cualquiera, en que los niños aquí son de otra pasta. Te enamoras de ellos nada más verlos.

He dejado a Jordi un día sólo en Mombasa y se ha espabilado muy bien.

Mañana nos vamos a un sitio de playa en el sur de Mombasa (Diani Beach) a relajarnos un poco. El lunes volveremos a Mombasa para disfrutar de las primeras noches de Ramadán.
El miércoles volveremos a Nairobi en el mítico 'tren lunático' desde Mombasa hasta Nairobi. Esperamos poder ver el Kilimanjaro de lejos.

El jueves siguiente queremos ir a visitar un orfanato cerca de Nairobi.

Sigo leyendo lentamente, saboreándolo, el libro de Javier Reverte 'El sueño de África' al mismo tiempo que visito los mismos lugares que él visitó. Lo adereza todo con grandes dosis de historia de exploradores, granjeros, militares, etc. que vinieron a África y la vivieron intensamente de diferentes formas.

Me identifico mucho con uno de ellos, un aventurero para el que lo importante era el viaje, no el destino, el ir, no el llegar, ...
Creo que cualquier destino es bueno para mí si tiene algo diferente que ofrecerme, que vivir, que saborear, ... incluso aunque no haya monumentos, animales, grandes hoteles o playas que visitar.

Quizás el destino que tengo deparado sea el ser los ojos de la gente en otros países, aunque lo que puedan ver esos ojos vaya a parecerse cada vez más vaya uno donde vaya.
Hasta que eso ocurra, abriros al mundo, abriros a lo diferente, porqué sólo así saldreis de la burbuja y le podreis dar valor a las pequeñas cosas y podreis disfrutar más de lo que teneis.

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domingo 24 de agosto de 2008

Safari en el Masai Mara

Llegada de Jordi, David y Julián a Nairobi

Ya que teníamos el lunes sin ningún compromiso aprovechamos la misma noche del domingo en la que llegaron David, Jordi y Julián para salir un poco por Nairobi junto con Topo.

Las fuerzas andaban un tanto justas, pero disfrutamos de un divertido show y bailamos algunos hits africanos.

El lunes paseamos un poco por Nairobi, atravesando algunas de las calles más transitadas de la ciudad, muy peligrosas según Topo y Julián. La verdad es que yendo 3 bazungu (plural de muzungu) me sentía más seguro que yendo solo, pero quizás tengan razón y haya que ser un poco más precavido.


Masai Mara y la suerte de los novatos

Superamos, con cierto sufrimiento por parte de David, el vuelo de Nairobi al Masai Mara en un pequeño avión de hélices, siendo nuestra parada la tercera. Dejamos el equipaje en el Camp Site sin ni siquera ver nuestras tiendas, para empezar ya con un primer safari de 2 horas.

Tener a Julián con nosotros era todo un lujo. Tiene mucha experiencia en África y los s
afaris, de los cuales es un gran aficionado.

Julián en el Kilima

Pero además teníamos de nuestro lado la suerte de los principiantes. En 3 días de safari pudimos ver todos los animales importantes salvo el leopardo.

Foto de grupo en el Masai Mara

Vimos rinocerontes grises, leones, guepardos, hienas, elefantes, búfalos, girafas, cocodrilos, hipopótamos, buitres, águilas, ...


León en Masai Mara

Guepardo en el Masai Mara

Elefantes en el Masai Mara

Rinoceronte en el Masai Mara

Vimos una leona intentando cazar infructu
ó
samente y 4 leonas que se estaban zampando un ñu recién cazado.

Lo que m
á
s nos impresionó es lo cerca que teníamos animales que tienen la capacidad de matar un humano con una facilidad asombrosa.
Pudimos disfrutar de un amago de carga de un hipop
ótamo herido que se encontraba en una charca.

La visita al pueblo Masai fue muy interesante.

Respecto al Kilima, lugar en el que nos aloj
ábamos, merece un post propio que subiré en cuanto pueda.

Podeis ver aquí las mejores fotos de los 4 días de Safari en el Masai Mara.

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domingo 17 de agosto de 2008

David y Jordi llegan hoy

En un rato tengo conmigo a Jordi, David y Julián.

Me alegro de tenerles aquí. Será genial compartir con ellos las experiencias africanas. Además sé que Topo nos ha montado un safari fantástico.

Me resultará extraño tener gente cercana conmigo, tras más de un mes "en solitario".

Por unos días dejaré de ser esa especie de observador periodístico para ser un poco más turista.

Muchas gracias a todos los que han dejado mensajes en los últimos días (Paqui, Yoli, Jose Mari, Emilio, Carlos, Rosa, Sari, Maite, Támar, Óscar, Mónika, Roger, Sonia, Paula y David).

Siento mucho no seguir con la misma frecuencia de mensajes.

Os cuento un poco el programa de esta semana. Martes viajamos al Masai Mara. Safari hasta el jueves y entonces volamos a Lamu (fantástica isla) para estar allí hasta el lunes.

Abrazos y besos antes de ver a las fieras !!!!

Después de haber superado los rápidos grado 5 del Rafting de Jinja (Uganda) no hay león que me dé miedo ;-P

martes 12 de agosto de 2008

Por fin es lunes ... Adios Kampala

Creí que nunca iba a decir "Por fín es lunes", pero sí. Se acabó la semana "maldita". Creo que algún gorila me echó un mal de ojo, pues no creo haber pisado ningua mierda (perdón por la expresión), ya que me habría dado cuenta seguro.


El portátil es ciego

En el trayecto desde Buhoma (puerta de entrada a Bwindi) a la vecina Butogota (lugar en el que tomábamos el bus hacia Kampala) la pantalla del portátil se reventó por dentro.
El portátil iba en su fundita de neopreno, dentro de la mochila, en el maletero. Los baches fueron más fuertes que todo eso.

El principal inconveniente es que no puedo redactar los artículos desde la habitación, con lo que me temo que la frecuencia de mis narraciones se va a ver afectada. UNa lástima, porqué tengo mucho que contar.


No siempre es mejor montártelo por tu cuenta

Para visitar el Parque Nacional de Murchison Falls sólo hay una opción barata: Red Chilli Hideaway.
Por culpa de mi obsesión no premeditada de buscarlo todo a última hora, me resultó imposible conseguir una cama en su Camp Site. Además, Red Chilli organiza tours desde Kampala.

Pero como creo que uno se lo puede montar todo por su cuenta, reservé habitación en un lodge con un precio decente (24 euros la noche), con ba
ño compartido con otra habitación.
Me cogí un bus hasta la "cercana" al Parque Masindi

Desde all
í empecé una rebuscada ruta que, según la Lonely Planet llevaba a otro logde no muy lejano.

La inici
é en un taxi (matatu). 25 personas en un vehículo habilitado para 15 es lo que yo llamo optimizar el espacio. Con una niña sentada sobre mí, un niño de pie y 3 hombres con el culo contra la ventanilla y el cuerpo flotando por encima de otras cabezas, el conductor conducía como podía, secándose la cabeza de sudor continuamente y haciéndome pensar que no estaba en condiciones para conducir y lo que pasaría conmigo s la furgoneta volcaba hacia la derecha.

Pero no, la furgoneta decidió caer un poco hacia la izquierda cuando se le salió una rueda !!! Sí, no pinchó, eso es de pijos. Literalmente se le salió una rueda.

Ahí estábamos, en medio de la nada, con unos monos que hacían el amago de acercarse en busca de comida.

Hablando con el resto de pasajeros descubro que el taxi no llega hasta la ciudad a la que yo quería llegar, así que cambio de opinión y decido volver hacia Masindi para tomar otra ruta más cara pero con más probabilidades de llegar a una hora decente.

Y entonces ocurrió un milagro. Paré a un motorista y me llevó con él GRATIS. No quería dinero. Trabaja para la ruz Roja en Masindi.

Una vez allí negocié con un taxista para un "special hire" bajando desde 68 a 38 euros. Y es que estamos hablando de más de 70 Km. Ya contaba con que eso podía pasar.

Ingrato recuerdo de Sanbiya River Lodge

Llegamos ya de noche al lodge. La primera en la frente. Un huésped se fué con la llave de mi habitación, pero me ofrecía una banda (caba
ñita) doble, pero con el baño en el exterior. Acepté sin problemas.

Pedí unas chanclas ( hasta en el peor hotel de Uganda tienes unas chanclas para ducharte). Me dijeron que me las traían. Media hora después ni siquiera hab
ían venido a decirme que no iban a conseguirlas. Lo dí por imposible y me fuí al baño con un par de bolsas de plástico para no apoyar los pies sobre el suelo.

Cuando ya me disponía a secarme resbalé y ca
í con todas mis fuerzas contra el suelo. Pero mi codo derecho decidió caer sobre un pequeño escalón. Hasta que no fuí a lavarme los dientes no me dí cuenta de que salía sangre de él.

Contacté con la asguradora y cuando por fín localizaron mi contrato ya era demasiado tarde y cerraban las puertas del Parque toda la noche, por lo que no podía llegar a ningún centro médico. El corte era corto, pero profundo. Era feo, muy feo; como diría David, "más feo que pegarle a un padre".

Mi kit de primeros auxilios estaba en Kampala, pues había viajado con una peque
ña mochila. Allí tenían lo justo, pero intenté mantener la herida cerrada según indicaciones de un médico español por teléfono.

A partir del día siguiente empezaron a tratármelo en centros médicos y la evolución es buena.

Por fin he tenido que "hacer dedo"

Al día siguiente llegó la segunda odisea. Resulta que el punto de partida del barco que va a las cataratas de Murhison Falls está a 30 Km. del Smabiya River Lodge donde yo estaba.
Por suerte conseguí que me llevaran dos alemanes con el transporte que tenían contratado (una furgoneta para ellos solos, con sonductor y guía).

Ya en el barco concidí con una colombiana (Verónica) que estaba en una ONG en el norte de Uganda) y on 19 espa
ñoles que estaban viajando con Kananga.
Los espa
ñoles hicieron algo que me habría encantado poder hacer, pero no tenía los medios y además debía ir lo antes posible a un centro médico. Subieron caminando a ver las cataratas desde lo alto.
El barco no se acerca tanto como nos gustaría a las cataratas, pero os aseguro que lo que se ve es algo E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R. En un ancho de 6 metros pasa todo el Nilo (técnicamente pasa una de sus 2 ramas). Es una demostración de fuerza de la naturaleza difícil de igualar cuando hablamos del elemento "agua".

Por el camino vimos cocodrilos del Nilo, Hipopótamos y búfalos. Todos muy tranquilos.

Al volver a tierra se acabaron los milagros. No tenía transporte para volver a Masindi y no pasaba ningún vehículo en aquella dirección. Finalmente conseguí que me llevara un empleado del Red Chilli que se dirigía a Kampala, a cambio de pagar la gasolina (8 euros).


Siempre se aprende algo

He aprendido algunas cosas "gracias" a la "semana maldita".

1 - Nunca jamás dejes en el maletero cámaras, portátiles, etc.

2 - Escrúpulos los m
ínimos. Ni se te ocurra ducharte con bolsas de plástico en los pies.

3 - Si vas a un Parque Natural, asegúrate muy bien de las comunicaciones que hay.

4 - No siempre es mejor ir por tu cuenta, antes de decidirlo, utiliza el consejo 3.

5 - Si vas a un Parque Nacional piensa bien que cosas no vas a llevarte (hanclas, kit de primeros auxilios, ...). Puede ser que las necesites y no tengas donde obtenerlas.


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lunes 4 de agosto de 2008

POR FIN: LOS GORILAS DE BWINDI

Como muchos de vosotros estais esperando mi narración acerca de los gorilas, no lo voy a demorar más. Además, por razones técnicas estoy subiendo antes las fotos que los textos y sé que eso hace complicado entender las imágenes que estais viendo.


Mis grupos: los bazungu y los Habinyanja

Dicen que ver a los gorilas en su habitat natural es una de las grandes experiencias en el planeta Tierra.
Según Dani, guía barcelonés de Kananga especialista en África, que encontré en la oficina central de la UWA (Ugandan Wildlife Authority) en Kampala, se trata de uno de los 3 grandes encuentros con animales en este continente. Los otros dos son el encuentro con los Big Five (León, rinoceronte, hipopótamo, búfalo y cocodrilo) y el encuentro con el tiburón blanco en Suráfrica.

Hay poco más de 100 gorilas en el mundo, por lo que, como mínimo, se trata de una experiencia difícil de vivir. Los países que pueden ofrecer esta experiencia lo saben y lo están explotando. El permiso para hacer la excursión a ver los gorilas cuesta 500 US$ (dólares americanos) y tan sólo pueden visitar 8 personas al día cada grupo de gorilas.

Los bazungu (plural de Mzungu) que me iban a acompañar en esta experiencia eran los siguientes:
- Del (habla un perfecto español) y Jo de Londres
- Anthony (biólogo australiano)
- Sam y Sara, newzelandeses muy majos
- Lauren y Kristen (ves, Kirsten como sí que existe el nombre "Kristen"?), profesoras americanas y voluntarias en una ONG

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El lugar en el que nos encontrábamos para ver a los gorilas se llama Bosque Impenetrable de Bwindi. Se encuentra en la región suoroeste de Uganda, dentro del distrito del cual Kabale es la capital.
El bosque de Bwindi es de los pocos bosques en el mundo que sobrevivió a la última glaciación y alberga unas cuantas especies endémicas.

El grupo de gorilas al que íbamos a visitar se llama Habinyanja. Integran el grupo de 26 miembros dos "Silverback" (se les llama así por el pelaje grisáceo que tienen en la parte baja de la espalada, que parece ser un símbolo de masculinidad para las hembras); uno es el macho dominante y otro el macho sumiso. También integran el grupo 3 bebés.

En los gorilas, tan solo el macho dominante puede fecundar las hembras. En ocasiones la disputa entre 2 machos es tan igualada que el grupo se separa en dos.

Una curiosidad de los gorilas respecto a los chimpancés es el tamaño de los testiculos, relativamente bastante mayor en los últimos.
Esto es así porque los chimpacés se aparean libremente y además las diferencias en tamaño entre unos y otros no llegan a ser muy grandes. Por ello, el tamaño de los testículos es importante a la hora de atraer a las hembras.
En los gorilas, en cambio, sólo el macho dominante tiene el derecho de aparearse con las hembras y su fuerza física le basta para mostrar su poder y no necesita seducir a las hembras.


La llegada al bosque

Nos esperábamos empezara caminar desde el Meeting Point de Buhoma (pueblo principal en Bwindi), pero nos llevaron en pick-ups a la zona en la que los rangers (guardas forestales) los habían localizado esa mañana.

Fuimos un grupo privilegiado. Tras media hora en coche y 10 minutos caminando ya los teníamos delante de nosotros.

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Antes de eso, pudimos observar sus enormes heces que expulsan casi sin moverse del lugar sobre el que duermen, bastante cómodo, por cierto. Duermen al descubierto acomodando las plantas para darle al lugar una forma de nido muy abierto.

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El primer encuentro: la agilidad

El día estaba nublado, con la eterna neblina dando un aire muy auténtico, pero ocultando todo aquello que se encontrara a más de 100 metros de distancia.
La luz, por tanto, no era mucha y las fotografías con mucho zoom se antojaban bastante complicadas. Otra desventaja era no poder apreciar con claridad su pelaje. La única ventaja era no tener sombras molestas que pudieran crear contrastes de luz demasiado fuertes.

No se permiten fotografías con flash, ni estar a menos de 7 metros de ellos, ni hablar en voz alta.

El primer encuentro fué con una madre y su bebé, en lo alto de un árbol. Como alguien ha comentado ya, es una sorpresa encontrarse tremendos corpachones en lo alto de un árbol.
Estaban a unos 5 metros y se ocultaron por la otra cara del árbol poco tiempo después de descubrirlos.

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Te ofrecen un porteador que te lleve la mochila para que vayas más cómodo. Por suerte no lo contraté. Lo que sí que hubiera contratado es un cámara que hiciera las fotos y grabara los vídeos por mí.
Y es que la hora que dispones para verlos se te queda muy corta, sobretodo en cuanto te pones a intentar coger las mejores fotos posibles y los vídeos más sorprendentes.

Conseguí grabar muy buenas escenas con la cámara de vídeo, pero me temo que tardaré un tiempo en poder colgar los vídeos.

Los adultos son muy tranquilotes y todo coge un cierto aire de zoo excepto en 2 momentos:
- cuando se mueven para cambiar de lugar
- cuando puedes apreciar con claridad su mirada, tan humana, con esos ojos que se presentan minúsculos incrustados en semejante cuerpo, siendo consciente que no hay barrotes entre tú y ellos.

Los ojos de los bebés, en cambio, son como aquellos que han tenido los peluches toda la vida, rendondos, reflejando la luz que les llega.


El segundo encuentro: la familia

Se encontraban a unos 9 metros de distancia, en una zona muy abierta y ofrecían una entrañable estampa familiar. El macho dominante limpiaba de parásitos (creo que se los comía) a la hembra con gran delicadeza, mientras el bebé jugueteaba por encima de ellos.

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Como es normal, teniendo visitas casi diarias, están acostumbrados a la presencia humana y nos ignoran, dedicándonos tan sólo alguna furtiva mirada.

Que se acerquen si los miras fíjamente es tan sólo un mito que se convierte en realidad excepcionalmente con los bebés, que quieren jugar y quizás se acercan a tocar algún humano para volver hacia atrás con la misma velocidad con la que llegan. Hace pocos días un chico tuvo el privilegio de ser el objeto de los juegos de un bebé.
En ese caso recomiendan dejarse tocar pero no tocar al bebé, pues el padre no es capaz de interpretar si nuestras intenciones son buenas.
Si un gorila realiza lo que denominan una "carga" (un avance en dirección hacia nosotros) recomiendan agacharse en posición sumisa y no moverse. Como ocurre con los leones, salir corriendo no es la mejor solución.

El bebé poco a poco se fué soltando y empezó a comportarse como lo hacen muchos niños cuando van familiares de visita a su casa y quieren llamar la atención.
Nos deleitó con acrobacias, demostraciones de fuerza y una muy graciosa escena cuando empezó a golpearse el pecho como hemos visto en tantas películas.
El bebé nos proporcionó la posibilidad de disfrutar de esa actividad que los adultos nos negaban.

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Los padres estaban a lo suyo, hasta que el gran silverback se irgió, manteniéndose sentado, y al cabo de un par de minutos decidió moverse.
La madre y el pequeño se quedaron un rato mirando en la dirección que el padre había tomado y, al ver que éste no volvía, le siguieron tranquilamente.

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El tercer encuentro: María

Unos minutos antes de que desapareciera la escena familiar apareció a nuestra derecha una hembra llamada María, que se sentó mirando hacia donde nosotros estábamos y empezó a devorar ramas de una planta cuyo nombre no recuerdo y que es la base de su alimentación.

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Pudimos estar a unos 7 metros de ella observándola con toda claridad.

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Finalmente se fué y nos quedaban tan sólo 10 minutos para disfrutar de la experiencia


El cuarto encuentro: el stress del sprint final

Avanzando unos pocos metros se presentaban ante nosotros bastantes gorilas, todos muy escondidos.
La misma madre y el mismo bebé del primer encuentro estaban ahora enganchados a un árbol diferente y a unos 3 metros a nuestra derecha teníamos un gorila bastante escondido, comiendo.

No sabíamos donde centrar nuestra atención en los pocos minutos que nos quedaban y finalmente llegó el triste momento de marcharnos, con la sensación de que podríamos habernos quedado allí horas y horas.


La experiencia

Doy la razón a Dani, respecto a la apabullante belleza del bosque de Bwindi.
La densidad de la vegetación atestigua su origen milenario. Los guías tenían que abrirnos camino a golpe de machetes.
Una vez en la hondonada, en la que se encontraban los gorilas, en ningún momento pisabas tierra, siempre te mantenías de pie sobre varias capas de diferentes plantas.
Aún habiendo recorrido sólo 50 metros de este bosque sirvió para hacerse una idea de cuan virgen es y poder mantener en la retina una bonita estampa con la neblina llenándolo todo.
Aún tratándose en aquel caso de Ruanda, uno puede entender fácilmente el porqué del título "Gorilas en la niebla".

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El porqué de la casi eterna neblina cabe buscarlo en la densa vegetación, cargada de agua, la acción directa del sol sobre el ecuador (necesito una aclaración para esto) y la altura de las montañas, que provoca la condensación del vapor antes de que éste alcance capas superiores de la atmósfera.


Los gorilas: semi-dioses

La única pega de nuestro "demasiado fácil" encuentro con los gorilas fué el no poder apreciar con más tiempo la espectacularidad del bosque de Bwindi.
Sin embargo, los otros 2 grupos, que tuvieron que caminar bastante rato, no observaron otros animales que no fueran insectos o pájaros, por lo que parece que tampoco nos perdimos tanto.

Es como si los gorilas fueran los amos y dueños del bosque y no admitieran más mamíferos que ellos, aceptando las breves visitas de los humanos.
En cierto modo es así; los gorilas de Bwindi han alcanzado la categoría de semi-dioses. No en vano han permitido dotar a la zona de recursos impensables hace unos años.
Además de los ingresos que generan los turistas en concepto de alojamiento, comida o compras, parte de los ingresos recaudados por la entidad gubernamental UWA son destinados al desarrollo de servicios primarios para la población de la zona y a la implantación de proyectos de desarrollo.

Los gorilas tienen sus pequeños templos de adoración en las numerosas tiendas de arte (no quiero rebajarlas al título de tiendas de souvenirs) en las que copan paredes y estantes con máscaras y figuras talladas por artistas locales.

Los bazungus acudimos como fieles devotos para presentar nuestras ofrendas, en forma de compras, tras tan majestuosa aparición en el bosque.


Oh, no ! Las máscaras !

Y ahí estaban ellas, las máscaras, mi talón de Aquiles, la suave música que me embriaga y me lanza sus tentáculos para exprimirme hasta que mi bolsillo dice basta. Son ese elemento decorativo que me atrae como una cancha de baloncesto y me engancha como una tarde frente al ordenador.

Tienen algo de humano que les da vida, que no me permite considerarlas meros objetos, sino que las eleva a la categoría de los bonsais, elementos que respiran, cambian de aspecto y tienen alma.

No conseguí bajar tanto como quería elprecio de una máscara de más de medio metro.
Quizás me alegraré, pues creo que África presentará nuevas oportunidades de adquirir espectaculares máscaras.

No obstante me voy con 2 preciosas máscaras y algún gorila en miniatura.


Las aldeas y los niños

Gracias a lo breve de la caminata por el bosque udimos disfrutar, sin embargo, de la visita a una aldea en pleno parque.

Allí nos deleitó un grupo de huérfanos con cánticos y bailes a los cuales nos sumamos, para acabar comprando alguna pieza (en mi caso una máscara y un gorila pequeñito, tallados ambos en madera, por 6 euros en total) para apoyar la causa.



Siempre recordaré el nombre del niño que talló la máscara: Alex.



El 35 aniversario de boda de mis padres. Felicidades !!!

Casualmente el mismo día que visitaba los gorilas era el 35 aniversario de boda de mis padres. Les dedico esa experiencia y esta foto, que aunque no ha quedado todo lo bien que quería creo que es una original felicitación.

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domingo 3 de agosto de 2008

Fort Portal + Emfuzi "Qué majos son los españoles"

Llegada a Fort Portal. Amigos con batería.

Estoy leyendo estos días el libro de Javier Reverte "El sueño de África". Lo he cogido justo a tiempo; estoy visitando los lugares que él visitó justo mientras leo los capítulos que a ellos hace referencia. Y debo decir, que 16 años despues parte de mis vivencias estas coincidiendo con las suyas.

Una de esas coincidencias se dió en mi llegada a Fort Portal. Su llegada, al igual que la mía se produjo en un momento en el que no había electricidad en la ciudad. En su caso se debía a una tormenta; en mi caso ni siquiera hizo falta eso para dejar sin cubrir tan primaria necesidad.

La diferencia es que él iba acompañado por un guía proporcionado por el gobierno y yo, en cambio, me encontraba con mi móvil sin batería, sin posibilidad de averiguar el número de teléfono de Marina, que guardaba sólamente en la tarjeta SIM.
Creía conocer el lugar al que debía dirigirme para encontrarme con ella (Emfuzi) pero no estaba de más hablar con ella para conocer la mejor forma de llegar hasta allí.

Tras rechazar varios ofrecimientos de conductores de bodaboda para ....... bueno, para llevarme donde fuera, aunque la distancia no llegara a 10 metros, se me acercó un personaje con uniforme de la compañía de autobuses Kalita (con la cual había viajado). Proclamó desde el primer momento nuestra amistad y la bondad de ayudarnos cuando lo necesitamos.

Pude utilizar su teléfono móvil con mi tarjeta SIM y hablar así con Marina. Fué muy amable por su parte, pero mi "amigo" creía que debía ser recompensado por su ayuda. Le ofrecí 700 chelines ugandeses (28 céntimos de euro), pero los rechazó amablemente argumentando que era muy poco dinero. Aún así me indicó donde debía ir y me recomendó, acertadamente, usar un bodaboda por 500 chelines (0,2 €).


Taxi a Emfuzi y el chiste de los catalanes y el seiscientos.

Al llegar al lugar de partida de los taxis que van hacia Kibale un chico me ofreció ir en su coche hasta Emfuzi. Rechacé la oferta y le dije que prefería esperar a un taxi "oficial" (un matatu). Ingénuo de mí, acabé yendo con él, pues ese coche es el único que hace ese recorrido de forma regular, sin licencia, por supuesto, ni respeto ninguno a las normas de circulación. Se trataba de la única opción con un coste razonable (3.000 chelines, que son 1,2 €).

Una hora después partíamos con la siguiente tripulación a bordo: 4 adultos y una niña detrás y !!! 3 pasajeros más el conductor delante !!!El conductor apenas podía llegar al último pedal. Sin embargo, hablando con las españolas la cifra de 9 personas era muy pobre frente a las 11 personas que habían ocupado uno de los taxis que ellas cogieron.
Debo reconocer que sentí cierta preocupación pero finalmente llegamos a Emfuzi sanos y salvos.


Em Camp Site de Emfuzi

El Camp Site de Emfuzi es un camping que dispone también de bandas (cabañas con camas en el interior).

El Camp Site pertenece a la ONG que iba a visitar, fundada por el padre Jon Bosco, que consistía básicamente en un orfanato y una escuela.

El enclave es espectacular, con las, imposibles de ver a causa de la neblina, montañas Ruwenzori (montañas de la luna) al fondo y con vistas al lago Nkubura desde la parte trasera del complejo.

La ducha es al aire libre y el agua caliente es bajo petición. Me pareció, sin ninguna duda, la ducha más romántica que he visto en mi vida. Eso sí, "cuando llueve te mojas, como los demás".

Las bandas son correctas (yo me alojé en una con 5 camas) y están mejorando día a día gracias al excelente trabajo de Marina, Montse y María, las tres Mfuzianas a las que les encantan las Mfuziones de Té Africano (té con leche a mitades iguales).


Las Mfuzianas y la ONG

Con Marina contacté gracias a Nelly, cónsul honoraria en Uganda, que me dijo que había venido a a colaborar con alguna ONG. Su sueño es poder trabajar de bióloga, a poder ser en África. Lo conseguirá.

A María y Montse (hermalas gemelas burgalesas) las conocí al llegar al Camp Site y me saludaron con un perfecto [Jou ar llu] al más puro acento español (de forma forzada, claro está).

Montse y María (voy cambiando el orden para que no haya agravios comparativos) llevan 21 meses viajando por África y son una auténtica guía "Burgos Planet" en 2 tomos.
Descubrieron la posibilidad de ser voluntarias colaborando con un orfanato e invitaron a Marina, a quien habían conocido en otro punto de Uganda, a sumarse a la experiencia.

La ONG opfrece alojamiento y comida a los voluntarios por tan sólo 30.000 Ugandan Schillings (12 €) a la semana.
Hasta ahí todo perfecto. El gran problema es que nadie te dice lo que puedes o debes hacer, por lo que tienes que ser tú quien se plantee que necesidades puede haber o que mejoras se pueden llevar a cabo.
Por otro lado, me dá la impresión de que se espera que tu colaboración se ciña tan sólo al camping, que es la principal fuente de ingresos para el orfanato, sin colaborar con lo que es el orfanato o la escuela o realizar acitivades que ayuden de alguna forma a los niños.

A medida que vas conociendo detalles del proyecto vas entendiendo algunas cosas. La idea general es buena, pero si no cambian las cosas la relación Camp Site vs Orfanato va a ser más perjudicial que beneficiosa.

Disfruté de un agradable paseo con Marina y con una mujer inglesa que lelvaba unas semanas y va a estar todavía unos 4 meses como voluntaria llegada mediante la intermediación de VSO (
http://www.vso.org.uk/volunteering/) para montar una clínica.
Visto que el padre Jon no está muy por la labor de pagar más de 16 € al mes por una enfermera, y dada la ausencia actual de medicamentos, la tarea se antoja un tanto complicada.

No obstante, esta buena mujer se ha propuesto ayudar como sea y ha tomado las riendas del Camp Site y está intentando dar un vuelco al deficiente servicio ofrecido por la plantilla que allí trabaja y, dicho sea de paso, está cobrando una miseria.Le deseo mucha suerte y creo que va a conseguir bastantes cosas.

Respecto a las 3 españolas, espero que los lagartos que han diseñado para colgar de las paredes del comedor hayan quedado geniales. Espero que me hagan llegar alguna foto.


El placer del español

Fué fantástico hablar en la lengua materna durante 1 día. Algunos de vosotros ya sabeis lo agotador que es estar todo el día hablando en una lengua que no es la tuya.

Además, como dijo María o Montse (demasiado breve la visita para identificarlas), cuando uno viaja se da cuenta de "lo majos que son los españoles".


Vuelta a Fort Portal

Tras haber pasado una agradable noche en el Camp Site y haber visitado al día siguiente la escuela, el orfanato y la escuela municipal, debía volver a Fort Portal para dormir allí y tomar el bus de la mañana hacia Kabale, cerca ya de los gorilas.

El padre Bosco intentó soplarme 20.000 USh (8 €) pero me fuí todo contento con un bodaboda por tan sólo 7.000 Ush (2,8 €).

Me alojé en el Hotel Continental, en el cual habían estado unos ingleses muy majoe (Kirsten, que majos son los ingleses) y me costó sólo 5,2 €.

Cuando llegué a mi habitación y me miré al espejo no entendí como el chico de recepción no se había echado a reir. Tenía la cara llena de tierra rojiza (es zona volcánica) tras el viaje en moto.

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