lunes 4 de agosto de 2008

POR FIN: LOS GORILAS DE BWINDI

Como muchos de vosotros estais esperando mi narración acerca de los gorilas, no lo voy a demorar más. Además, por razones técnicas estoy subiendo antes las fotos que los textos y sé que eso hace complicado entender las imágenes que estais viendo.


Mis grupos: los bazungu y los Habinyanja

Dicen que ver a los gorilas en su habitat natural es una de las grandes experiencias en el planeta Tierra.
Según Dani, guía barcelonés de Kananga especialista en África, que encontré en la oficina central de la UWA (Ugandan Wildlife Authority) en Kampala, se trata de uno de los 3 grandes encuentros con animales en este continente. Los otros dos son el encuentro con los Big Five (León, rinoceronte, hipopótamo, búfalo y cocodrilo) y el encuentro con el tiburón blanco en Suráfrica.

Hay poco más de 100 gorilas en el mundo, por lo que, como mínimo, se trata de una experiencia difícil de vivir. Los países que pueden ofrecer esta experiencia lo saben y lo están explotando. El permiso para hacer la excursión a ver los gorilas cuesta 500 US$ (dólares americanos) y tan sólo pueden visitar 8 personas al día cada grupo de gorilas.

Los bazungu (plural de Mzungu) que me iban a acompañar en esta experiencia eran los siguientes:
- Del (habla un perfecto español) y Jo de Londres
- Anthony (biólogo australiano)
- Sam y Sara, newzelandeses muy majos
- Lauren y Kristen (ves, Kirsten como sí que existe el nombre "Kristen"?), profesoras americanas y voluntarias en una ONG

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El lugar en el que nos encontrábamos para ver a los gorilas se llama Bosque Impenetrable de Bwindi. Se encuentra en la región suoroeste de Uganda, dentro del distrito del cual Kabale es la capital.
El bosque de Bwindi es de los pocos bosques en el mundo que sobrevivió a la última glaciación y alberga unas cuantas especies endémicas.

El grupo de gorilas al que íbamos a visitar se llama Habinyanja. Integran el grupo de 26 miembros dos "Silverback" (se les llama así por el pelaje grisáceo que tienen en la parte baja de la espalada, que parece ser un símbolo de masculinidad para las hembras); uno es el macho dominante y otro el macho sumiso. También integran el grupo 3 bebés.

En los gorilas, tan solo el macho dominante puede fecundar las hembras. En ocasiones la disputa entre 2 machos es tan igualada que el grupo se separa en dos.

Una curiosidad de los gorilas respecto a los chimpancés es el tamaño de los testiculos, relativamente bastante mayor en los últimos.
Esto es así porque los chimpacés se aparean libremente y además las diferencias en tamaño entre unos y otros no llegan a ser muy grandes. Por ello, el tamaño de los testículos es importante a la hora de atraer a las hembras.
En los gorilas, en cambio, sólo el macho dominante tiene el derecho de aparearse con las hembras y su fuerza física le basta para mostrar su poder y no necesita seducir a las hembras.


La llegada al bosque

Nos esperábamos empezara caminar desde el Meeting Point de Buhoma (pueblo principal en Bwindi), pero nos llevaron en pick-ups a la zona en la que los rangers (guardas forestales) los habían localizado esa mañana.

Fuimos un grupo privilegiado. Tras media hora en coche y 10 minutos caminando ya los teníamos delante de nosotros.

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Antes de eso, pudimos observar sus enormes heces que expulsan casi sin moverse del lugar sobre el que duermen, bastante cómodo, por cierto. Duermen al descubierto acomodando las plantas para darle al lugar una forma de nido muy abierto.

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El primer encuentro: la agilidad

El día estaba nublado, con la eterna neblina dando un aire muy auténtico, pero ocultando todo aquello que se encontrara a más de 100 metros de distancia.
La luz, por tanto, no era mucha y las fotografías con mucho zoom se antojaban bastante complicadas. Otra desventaja era no poder apreciar con claridad su pelaje. La única ventaja era no tener sombras molestas que pudieran crear contrastes de luz demasiado fuertes.

No se permiten fotografías con flash, ni estar a menos de 7 metros de ellos, ni hablar en voz alta.

El primer encuentro fué con una madre y su bebé, en lo alto de un árbol. Como alguien ha comentado ya, es una sorpresa encontrarse tremendos corpachones en lo alto de un árbol.
Estaban a unos 5 metros y se ocultaron por la otra cara del árbol poco tiempo después de descubrirlos.

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Te ofrecen un porteador que te lleve la mochila para que vayas más cómodo. Por suerte no lo contraté. Lo que sí que hubiera contratado es un cámara que hiciera las fotos y grabara los vídeos por mí.
Y es que la hora que dispones para verlos se te queda muy corta, sobretodo en cuanto te pones a intentar coger las mejores fotos posibles y los vídeos más sorprendentes.

Conseguí grabar muy buenas escenas con la cámara de vídeo, pero me temo que tardaré un tiempo en poder colgar los vídeos.

Los adultos son muy tranquilotes y todo coge un cierto aire de zoo excepto en 2 momentos:
- cuando se mueven para cambiar de lugar
- cuando puedes apreciar con claridad su mirada, tan humana, con esos ojos que se presentan minúsculos incrustados en semejante cuerpo, siendo consciente que no hay barrotes entre tú y ellos.

Los ojos de los bebés, en cambio, son como aquellos que han tenido los peluches toda la vida, rendondos, reflejando la luz que les llega.


El segundo encuentro: la familia

Se encontraban a unos 9 metros de distancia, en una zona muy abierta y ofrecían una entrañable estampa familiar. El macho dominante limpiaba de parásitos (creo que se los comía) a la hembra con gran delicadeza, mientras el bebé jugueteaba por encima de ellos.

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Como es normal, teniendo visitas casi diarias, están acostumbrados a la presencia humana y nos ignoran, dedicándonos tan sólo alguna furtiva mirada.

Que se acerquen si los miras fíjamente es tan sólo un mito que se convierte en realidad excepcionalmente con los bebés, que quieren jugar y quizás se acercan a tocar algún humano para volver hacia atrás con la misma velocidad con la que llegan. Hace pocos días un chico tuvo el privilegio de ser el objeto de los juegos de un bebé.
En ese caso recomiendan dejarse tocar pero no tocar al bebé, pues el padre no es capaz de interpretar si nuestras intenciones son buenas.
Si un gorila realiza lo que denominan una "carga" (un avance en dirección hacia nosotros) recomiendan agacharse en posición sumisa y no moverse. Como ocurre con los leones, salir corriendo no es la mejor solución.

El bebé poco a poco se fué soltando y empezó a comportarse como lo hacen muchos niños cuando van familiares de visita a su casa y quieren llamar la atención.
Nos deleitó con acrobacias, demostraciones de fuerza y una muy graciosa escena cuando empezó a golpearse el pecho como hemos visto en tantas películas.
El bebé nos proporcionó la posibilidad de disfrutar de esa actividad que los adultos nos negaban.

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Los padres estaban a lo suyo, hasta que el gran silverback se irgió, manteniéndose sentado, y al cabo de un par de minutos decidió moverse.
La madre y el pequeño se quedaron un rato mirando en la dirección que el padre había tomado y, al ver que éste no volvía, le siguieron tranquilamente.

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El tercer encuentro: María

Unos minutos antes de que desapareciera la escena familiar apareció a nuestra derecha una hembra llamada María, que se sentó mirando hacia donde nosotros estábamos y empezó a devorar ramas de una planta cuyo nombre no recuerdo y que es la base de su alimentación.

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Pudimos estar a unos 7 metros de ella observándola con toda claridad.

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Finalmente se fué y nos quedaban tan sólo 10 minutos para disfrutar de la experiencia


El cuarto encuentro: el stress del sprint final

Avanzando unos pocos metros se presentaban ante nosotros bastantes gorilas, todos muy escondidos.
La misma madre y el mismo bebé del primer encuentro estaban ahora enganchados a un árbol diferente y a unos 3 metros a nuestra derecha teníamos un gorila bastante escondido, comiendo.

No sabíamos donde centrar nuestra atención en los pocos minutos que nos quedaban y finalmente llegó el triste momento de marcharnos, con la sensación de que podríamos habernos quedado allí horas y horas.


La experiencia

Doy la razón a Dani, respecto a la apabullante belleza del bosque de Bwindi.
La densidad de la vegetación atestigua su origen milenario. Los guías tenían que abrirnos camino a golpe de machetes.
Una vez en la hondonada, en la que se encontraban los gorilas, en ningún momento pisabas tierra, siempre te mantenías de pie sobre varias capas de diferentes plantas.
Aún habiendo recorrido sólo 50 metros de este bosque sirvió para hacerse una idea de cuan virgen es y poder mantener en la retina una bonita estampa con la neblina llenándolo todo.
Aún tratándose en aquel caso de Ruanda, uno puede entender fácilmente el porqué del título "Gorilas en la niebla".

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El porqué de la casi eterna neblina cabe buscarlo en la densa vegetación, cargada de agua, la acción directa del sol sobre el ecuador (necesito una aclaración para esto) y la altura de las montañas, que provoca la condensación del vapor antes de que éste alcance capas superiores de la atmósfera.


Los gorilas: semi-dioses

La única pega de nuestro "demasiado fácil" encuentro con los gorilas fué el no poder apreciar con más tiempo la espectacularidad del bosque de Bwindi.
Sin embargo, los otros 2 grupos, que tuvieron que caminar bastante rato, no observaron otros animales que no fueran insectos o pájaros, por lo que parece que tampoco nos perdimos tanto.

Es como si los gorilas fueran los amos y dueños del bosque y no admitieran más mamíferos que ellos, aceptando las breves visitas de los humanos.
En cierto modo es así; los gorilas de Bwindi han alcanzado la categoría de semi-dioses. No en vano han permitido dotar a la zona de recursos impensables hace unos años.
Además de los ingresos que generan los turistas en concepto de alojamiento, comida o compras, parte de los ingresos recaudados por la entidad gubernamental UWA son destinados al desarrollo de servicios primarios para la población de la zona y a la implantación de proyectos de desarrollo.

Los gorilas tienen sus pequeños templos de adoración en las numerosas tiendas de arte (no quiero rebajarlas al título de tiendas de souvenirs) en las que copan paredes y estantes con máscaras y figuras talladas por artistas locales.

Los bazungus acudimos como fieles devotos para presentar nuestras ofrendas, en forma de compras, tras tan majestuosa aparición en el bosque.


Oh, no ! Las máscaras !

Y ahí estaban ellas, las máscaras, mi talón de Aquiles, la suave música que me embriaga y me lanza sus tentáculos para exprimirme hasta que mi bolsillo dice basta. Son ese elemento decorativo que me atrae como una cancha de baloncesto y me engancha como una tarde frente al ordenador.

Tienen algo de humano que les da vida, que no me permite considerarlas meros objetos, sino que las eleva a la categoría de los bonsais, elementos que respiran, cambian de aspecto y tienen alma.

No conseguí bajar tanto como quería elprecio de una máscara de más de medio metro.
Quizás me alegraré, pues creo que África presentará nuevas oportunidades de adquirir espectaculares máscaras.

No obstante me voy con 2 preciosas máscaras y algún gorila en miniatura.


Las aldeas y los niños

Gracias a lo breve de la caminata por el bosque udimos disfrutar, sin embargo, de la visita a una aldea en pleno parque.

Allí nos deleitó un grupo de huérfanos con cánticos y bailes a los cuales nos sumamos, para acabar comprando alguna pieza (en mi caso una máscara y un gorila pequeñito, tallados ambos en madera, por 6 euros en total) para apoyar la causa.



Siempre recordaré el nombre del niño que talló la máscara: Alex.



El 35 aniversario de boda de mis padres. Felicidades !!!

Casualmente el mismo día que visitaba los gorilas era el 35 aniversario de boda de mis padres. Les dedico esa experiencia y esta foto, que aunque no ha quedado todo lo bien que quería creo que es una original felicitación.

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lunes 28 de julio de 2008

Breve noticia: el 2 de agosto estoy con los gorilas

Por fin he conseguido el permiso para visitar los gorilas en Bwindi (el Bosque Impenetrable). Será el 2 de agosto, el próximo sabado, mientras estais todos en la playita.

Sólo me falta conseguir llegar hasta allí y encontrar donde dormir.

Si ese día estoy enfermo no puedo visitar a los gorilas por peligro de contagio. En ese caso me devuelven el 50% de los 500 dólares. Tengo derecho a esa misma devolución si no vemos los gorilas (cosa improbable).

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