miércoles 8 de octubre de 2008

Estamos en España

Es momento de decir la verdad. Estamos en España.

Noooo, no me habeis entendido. No es que nunca hayamos dejado de estar en España y todo sea un montaje. Las fotos son todas de verdad. Lo que ocurre es que llegamos a España hace poco más de una semana.

No quisimos hacerlo público porqué queríamos que fuera una sorpresa para mi padre, que cumplió 60 años.

La llegada a España

Lara llegó un día antes que yo y al día siguiente nos encontramos en la Terminal 4 de Madrid para ir a Barcelona a celebrar el cumpleaños de mi padre. 24 horas después de salir de Nairobi llegaba a Barcelona sin haber pasado por casa.

Cuando subí al avión en Nairobi tenía una sensación de emoción parecida a la que sentí mi primer día en Nairobi. Tenía ganas de llegar, encontrarme con mi familia, con mis amigos, contarles cosas, ....
Esa ilusión se iba desvaneciendo a medida que transcurrían las horas de viaje.

Echo de menos el color negro

Ya en Madrid, caminaba por los pasillos del aeropuerto de Barajas sintiéndome en un lugar extraño, con poca gente, sin gente negra que no había dejado de estar a mi alrededor durante 2 meses y medio.
Me crucé con 2 chicos negros que hablaban entre sí, y mi subconsciente me impulsaba a saludarles, a hablar con ellos.

Todavía hoy, cuando camino por la calle, me quedo extrañado al no recibir ningún saludo de la gente negra que me cruzo. Es un contraste brutal como ignoramos aquí a la gente negra y el trato totalmente contrario que recibimos de ellos cuando estamos en sus países, en los que nos saludan continuamente.

Aquí todo es gris

Una vez ya en Madrid, quizás porqué el tiempo está nublado, lo veo todo muy gris. Echo de menos el color y la actividad de África.
Los días en mi pueblo han sido tranquilos y llenos del verde del campo. Aquí en Madrid todo es más impersonal, nos movemos sobre raíles, como si fuera un scalextric y alguien llevara los mandos dirigiendo nuestros pasos.

Las comidas y la cárcel de la casa

Echo de menos comer cuando tengo hambre. Ahora, estando solo en mi casa, empiezo a recuperar esa costumbre, pero aquí es más difícil.

Por otro lado, tengo cosas que hacer de trabajo estos días, además de poner en orden las fotos, escribir todo aquello que ha quedado en mi mente o en mi libreta, y paso mucho tiempo frente al ordenador y, por primera vez en mi vida, me siento como un gato encerrado en una jaula.

El salto ha sido demasiado fuerte. Allí estábamos todo el día fuera, en la calle, en transporte público, ... Y siempre con gente, muuuuucha gente. Y gente muy cercana, mirándonos, en contacto físico en los apretados en los transportes públicos, saludándonos, intentando vendernos algo, ...


El futuro

Creo que el gran retó está en coger todo lo bueno de allí e intentar aplicarlo aquí en tu entorno. Me resulta difícil hacerlo. Necesito una gran chispa para encender mi motor.
Quizás en unos días me invada la alegría y mi cuerpo ande sólo, libre y exultante; de momento el creciente frío y los días nublados de Madrid me mantienen aletargado, falto de aire, suspirando por mi querida África.

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miércoles 3 de septiembre de 2008

El riesgo de acabar una relación de pareja

Realmente no era necesario hacerlo; no se trata de una de aquellas experiencias que bajo ningún concepto debes perderte si tienes la posibilidad de vivirlas; ni siquiera es algo que te lo pongan en bandeja y resulte difícil decir que no.

Seguramente los riesgos que estaba tomando eran mayores que los beneficios a obtener.
Resulta un poco temerario poder llegar a perder una relación de años por un capricho como ese.

Pero hay veces que a uno le mueves fuerzas que salen del interior, incontrolables. Y la atracción "africana" es más fuerte que el sentido común "europeo".

Al final lo he hecho. Espero que Lara pueda llegar a perdonarme, pero no podía dejar pasar la oportunidad de tener 4 jóvenes mujeres africanas (cada una con un estilo diferente) para mí solo en una habitación, actuando a la vez sobre mi cuerpo, haciéndome retorcer, actuando con tanta velocidad y destreza que a penas me permitían vivir el momento con cierta reflexión.

Alguna era realmente muy joven, pero siempre he pensado que para estas cosas la edad no es tan importante.

No se cuanto costaría en España, pero los 22,5 € que me ha costado no parecen algo descabellado.

Y de repente llegó Lara. No sé como nos encontró.
No aguantó mucho tiempo contemplando tal espectáculo. Se fué, asustada, y me dejó con la tormenta africana atacando por todos los lados. Por delante, por detrás, izquierda, derecha, ... tensando mi piel cada vez más, provocando prácticamente que las lágrimas recorrieran mis mejillas.

Me dejé llevar. Estaba demasiado cerca del climax final como para dejarlo ahí.



Al fin y al cabo, tras tanto hablar de peinados africanos (http://www.jambomondo.com/2008/07/los-peinados-africanos.html), alguien tenía que arriesgarse y experimentarlo en sus propias carnes (concretamente en su cuero cabelludo).

Escoger el tipo de extensiones con las que alargar mi pelo era la decisión más difícil.
Al tener un pelo tan fino me recomendaban un tipo de trenza muy fino que a mí me parecía un poco "nenaza". Yo quería un peinado como el de los chicos rastas de playa que las europeas se llevan a Europa (a ver si Lara me lleva con ella).

Todavía ahora me cuesta mover la cabeza; todavía me tensan los mechones de pelo engarzados en tiras de pelo natural (gracias a la persona que haya vendido su pelo) trenzadas.

Cuatro mujeres sin piedad tensaban, a la vez, desde cualquier punto mi cuero cabelludo, a lo largo de 2 horas de experiencia mística y dolorosa.
Dos horas es ciértamente poco. No quiero ni imaginarme las 4 horas que puede estar una mujer con un peinado un tando complicado.
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El resultado final es peor de lo esperado tras probarme ayer una peluca, pero a la gente de aquí parece que le gusta. Me saludan al pasar, me llaman "rasta-man". Las mujeres asienten con la cabeza o con la mano, seguramente valorando positivamente que haya pasado por ese "sufrimiento"

A Lara no le gusta mucho, pero si le doy el gusto de poder cortárme el pelo un poco en los próximos días (es más largo de lo que quería) se pondrá contenta.

En fin, que he pasado de mirar a la gente a que la gente me mire. A ver como duermo esta noche con todo este aparato sobre mi cabeza.

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sábado 30 de agosto de 2008

Miedos y gozos

Esta tarde hemos tenido algunos de esos momentos mágicos a los que sólo la improvisación te puede llevar.

Ukunda es la población principal junto a las playas de Diani, en el sur de Mombasa, donde nos encontramos desde ayer hasta el lunes. Tras una segunda noche consecutiva de juerga loca y un d'ia de playa hemos quedado abatidos tras la comida en el 'hotel' (Diani Beach Campsite & Cottages) y nos hemos despertado a base de partidas de cartas al 'rápido', juego 'de piscina' de nuestra época adolescente en El Pont de Suert.

Hemos ido a Ukunda a pasear un poco por el pueblo que, como muchos otros, se distribuye lo largo de la carretera.

Me ha costado mucho, pero he conseguido convencer a Jordi y Lara para callejear un poco, ya atardeciendo. Quizás tengan razón y sea un poco inconsciente y necesite que me den un susto. Pero de momento no he sentido inseguridad en los lugares que he visitado, y la única norma estricta que me marco es no caminar de noche por calles con mala pinta (no confundir mala pinta con calles poco arregladas o pobres, que es lo habitual) solo por la noche.

Hemos llegado hasta el mercado, con puestos de frutas y verduras, muchos de ellos ya desmontados.

Al pasar el mercado había un grupo de niños. Como he hecho con otra gente que hemos ido encontrado por la calle, les he saludado y me han contestado muy educadamente. Me he parado con una niña de unos 2 anyos para decirle lo mucho que me gustaba su pelo, y ahí ha empezado todo.
Los ni
ños se han ido acercando uno a uno para saludar, Lara ha sacado la cámara y ya entonces se han juntado todos para salir en la foto y han empezado a flipar al ver como han quedado las fotos. Todo ha acabado con unos 20 niños cantando y jugando con Lara mientras Jordi y yo entrábamos y salíamos del grupo mientras hablábamos con un chico que está acabando el instituto y nos contaba lo contentos que se ponen los ninyos cuando ven hombres blancos.

Ha sido un momento mágico y lo hemos cortado para seguir nuestro paseo y dejar a los niños seguir jugando.


Sin saber como, nuestros pasos nos han llevado a un garito donde tocaban música Luo (el mismo tipo de música que mi primera noche en África ) y hemos decidido ser los primeros en ponernos a bailar.
Se ha ido uniendo gente a la pista de baile y el garito ha empezado a llenarse.

Creo que Lara y Jordi están apreciando tanto como yo esos momentos, que quedan muy lejos de safaris, playas paradisíacas, hoteles y restaurantes de lujo, pero quedan muy cerca de uno de los centros neurálgicos de la felicidad, quedan muy cerca del corazón.

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jueves 28 de agosto de 2008

Ya tengo aquí a Lara

Aquí estoy en un ciber en Mombasa con Lara a mi izquierda y Jordi a mi derecha.
Ayer recogí a Lara en el Aeropuerto Internacional de Nairobi. Fué emocionante verla después de un mes y medio.

De momento le ha encantado todo lo que ha visto en estas casi 24 horas que lleva aquí. El olor y el color de África está calando lentamente en sus huesos.
Coincidimos, como con cualquiera, en que los niños aquí son de otra pasta. Te enamoras de ellos nada más verlos.

He dejado a Jordi un día sólo en Mombasa y se ha espabilado muy bien.

Mañana nos vamos a un sitio de playa en el sur de Mombasa (Diani Beach) a relajarnos un poco. El lunes volveremos a Mombasa para disfrutar de las primeras noches de Ramadán.
El miércoles volveremos a Nairobi en el mítico 'tren lunático' desde Mombasa hasta Nairobi. Esperamos poder ver el Kilimanjaro de lejos.

El jueves siguiente queremos ir a visitar un orfanato cerca de Nairobi.

Sigo leyendo lentamente, saboreándolo, el libro de Javier Reverte 'El sueño de África' al mismo tiempo que visito los mismos lugares que él visitó. Lo adereza todo con grandes dosis de historia de exploradores, granjeros, militares, etc. que vinieron a África y la vivieron intensamente de diferentes formas.

Me identifico mucho con uno de ellos, un aventurero para el que lo importante era el viaje, no el destino, el ir, no el llegar, ...
Creo que cualquier destino es bueno para mí si tiene algo diferente que ofrecerme, que vivir, que saborear, ... incluso aunque no haya monumentos, animales, grandes hoteles o playas que visitar.

Quizás el destino que tengo deparado sea el ser los ojos de la gente en otros países, aunque lo que puedan ver esos ojos vaya a parecerse cada vez más vaya uno donde vaya.
Hasta que eso ocurra, abriros al mundo, abriros a lo diferente, porqué sólo así saldreis de la burbuja y le podreis dar valor a las pequeñas cosas y podreis disfrutar más de lo que teneis.

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