domingo 21 de marzo de 2010

Mombasa (2a parte de 2)

tras la primera entrega acerca de Mombasa, aquí llega la segunda.

La llegada a Mombasa


Jordi y yo llegamos a Mombasa un 26 de agosto, tras 6 agotadoras horas de viaje desde Lamu a lo largo de una horrible carretera llena de baches.

Nada más llegar a Mombasa, la primera en la frente. Pagamos 1,5 € para ir en un tuk-tuk, que en teoría iba a ser un taxi y que ni siquiera pertenecía al chico con el que negociamos, para un trayecto hasta el Hotel que debía costar 0,5 €, tal y como nos había avisado ya Eduardo (a quien conocimos en Lamu).

La habitación en el Hotel Summerlink, que el propio Eduardo nos había recomendado, era más cara (17 € la doble, desayuno incluido) de lo que nos había dicho y no tenían agua caliente. Miramos otros hostales y albergues, pero la diferencia en el precio era poca y eran lugares bastante peores.
Ese día yo no me encontraba nada bien, por lo que me quedé en el Hotel. Jordi se fué a explorar la noche de Mombasa y acabó en el Casablanca, muy animado cualquier noche, pero lleno a rebosar de prostitutas que le agobiaron un poco.

Al día siguiente cogí un autobús a Nairobi para volver un día más tarde con Lara.


"Six hours"

La noche de nuestra llegada estuvimos en uno de esos sitios que encuentras casi de casualidad. Uno de esos lugares cutres en los que encuentras sólo gente local y acabas inevitablemente hablando con gente del país.

Eran 2 primos hermanos, de unos 40 años de edad y con mucha marcha en el cuerpo. Ella, algo así como agente turística, nos ofreció dormir en su casa y que conociéramos Mombasa de su mano. Hablamos largo y tendido de sexo y de ahí surgió el término "six hours" que no parábamos de usar Jordi, Lara y yo (tiene relación con el tiempo que supuestamente emplean los kenianos en una relación íntima).
La cerveza corrió a raudales y comimos carne y otros platos preparados en una especie de barbacoa que era mejor no mirar.


Cerveza a raudales con SIX HOURS


Las noches de Mombasa
Esa primera noche de Lara en Mombasa fuimos a la discotecta Florida, donde asistimos a un show bastante digno (por la belleza de los cuerpos masculinos y femeninos) y a la inagotable pesadez de una chica obsesionada por conseguir algo con el bueno de Jordi.
La semana siguiente, tras pasar unos días en Diani Beach (entradas blog Diani Beach - fotos Diani Beach), visitamos la discoteca Casablanca y pudimos comprobar que, tal y como comenta Javier Reverte en "El sueño de África", en Mombasa se puede apreciar el "lado canalla de la vida", con prostitutas aquí y allá y chicos con varias copas de más.

Se dice de Mombasa que aloja el número de prostitutas más alto en África y de los más elevados en el mundo.

No paraba de hablarnos un chico de Nairobi, al que no se le entendía nada y no paraba de repetir que había conocido a Jose María Aznar en Madrid en un viaje que hizo con su universidad.
La siguiente noche visitamos la discoteca "Rio Samba", semivacía pero con buena música. Jordi tuvo la oportunidad de ligarse una chica bastante atractiva que le tiró los trastos, pero la espada de damocles de la sospecha de prostitución pendía, pesada, sobre su mente.

La última noche en Mombasa salimos sólo Jordi y yo y visitamos la costa norte de Mombasa junto con el camarero del pub de nuestro Hotel.
Se trata de una zona llena de Hoteles de 4 y 5 estrellas.
Estuvimos en una discoteca cuyo nombre no consigo recordar. Había la habitual procesión de prostitutas, entremezcladas esta vez con hombres de cierta edad y acompañantes femeninas jóvenes y atractivas e incluso alguna mujer mayor acompañada por algún joven keniano.
En el pub de enfrente casi toda la gente era local y había mucha gente masticando miraa (hierba con propiedades excitantes con el nombre científico de Catha edulis) y depositando los restos en un pequeño cubo sobre cada mesa.
Nuestro compañero de salida nocturna visita a menudo dicha discoteca para buscar compañía. Su mujer vive en Alemania, según nos dijo por trabajo. De hecho nos dijo que desearía poder encontrar una mujer europea.


Por desgracia no pudimos encontrar en Mombasa un solo lugar para salir de fiesta que podamos recomendar, aunque seguro que existe tan lugar.


Mercado de arte de Akamba

Fué especialmente interesante la visita al mercado de arte Akamba, en las afueras de Mombasa. Se trata de una especie de cooperativa, creada hace unos años, en la que dicen participan unos 15.000 artistas.


Cartel a la entrada del mercado de la cooperativa de Akamba

Pudimos observar como tallan diferentes tipos de maderas, entre las cuales se encuentra la tan prestigiosa madera de ébano, que tan íntimamente está ligado a África.

Artista de la cooperativa de Akamba

Hay gente especializada en pulir, en pintar, pero hay támbién artistas que lo hacen todo.

Charlamos con muchos artistas y nos tomamos fotos con algunos de ellos. Fué muy gracioso hacernos fotos con dos chicas que estaban impresionadas con mis rastas y sentían mucha curiosidad por Lara.

Mujeres artistas divertidas

Los artistas marcan el precio de venta (era todo bastante caro) en la tienda que hay allí mismo. La cooperativa se queda un porcentaje de las ventas.

Sección de máscaras de la tienda de la cooperativa Akamba

Gran cantidad de piezas se venden a empresas o personas que las venden a lo largo de Tanzania o incluso de Kenia.

Vino con nosotros, desde Mombasa hasta el mercado de Akamba, un chico que se mantuvo a nuestro lado todo el tiempo y que tenía expectativas de que le premiáramos por su servicio, que no era tal, ya que no le necesitábamos para llegar hasta allí.

Al salir del mercado comimos en el lugar donde comen los artistas. Fué mi comida más barata en mis 2 meses y medio en África. Tan sólo 0,70 € y muchas moscas a nuestro alrededor.

Cocinero del restaurante de Akamba


Estuvimos también en la calle Biashara Street (Biashara significa "negocio" en swahili) comprando kangas.
Hay una tienda de reconocido prestigio, llamada Kaderdina Hajaee Essak Ltd., con una gran variedad de Kikois y Kangas, pero, sobretodo, con cierta garantía de calidad.
No se puede regatear tanto como en otras tiendas, pero uno se asegura haber comprado una buena tela.

Kangas en una tienda en Biashara Street en Mombasa


Bye bye, Mombasa

Abandonamos Mombasa y, como en otras muchas ocasiones a lo largo del viaje, tuve la sensación de que no habíamos conocido todo lo que esa ciudad nos podía ofrecer.

De todas formas, Mombasa no es un destino apreciado por turistas ni viajeros. Las playas están fuera de la ciudad y no tiene un especial encanto.

Sin embargo, es la segunda ciudad de Kenia y es interesante la mezcla de culturas que hay, con diversas tribus viviendo en las cercanías de la ciudad y con la auténtica cultura swahili, de confesión islámica ocupando el casco histórico.










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jueves 2 de octubre de 2008

Mombasa (2 de 2)

tras la primera entrega acerca de Mombasa, aquí llega la segunda.

La llegada a Mombasa


Jordi y yo llegamos a Mombasa un 26 de agosto, tras 6 agotadoras horas de viaje desde Lamu a lo largo de una horrible carretera llena de baches.

Nada más llegar a Mombasa, la primera en la frente. Pagamos 1,5 € para ir en un tuk-tuk, que en teoría iba a ser un taxi y que ni siquiera pertenecía al chico con el que negociamos, para un trayecto hasta el Hotel que debía costar 0,5 €, tal y como nos había avisado ya Eduardo (a quien conocimos en Lamu).

La habitación en el Hotel Summerlink, que el propio Eduardo nos había recomendado, era más cara (17 € la doble, desayuno incluido) de lo que nos había dicho y no tenían agua caliente. Miramos otros hostales y albergues, pero la diferencia en el precio era poca y eran lugares bastante peores.
Ese día yo no me encontraba nada bien, por lo que me quedé en el Hotel. Jordi se fué a explorar la noche de Mombasa y acabó en el Casablanca, muy animado cualquier noche, pero lleno a rebosar de prostitutas que le agobiaron un poco.

Al día siguiente cogí un autobús a Nairobi para volver un día más tarde con Lara.


"Six hours"

La noche de nuestra llegada estuvimos en uno de esos sitios que encuentras casi de casualidad. Uno de esos lugares cutres en los que encuentras sólo gente local y acabas inevitablemente hablando con gente del país.

Eran 2 primos hermanos, de unos 40 años de edad y con mucha marcha en el cuerpo. Ella, algo así como agente turística, nos ofreció dormir en su casa y que conociéramos Mombasa de su mano. Hablamos largo y tendido de sexo y de ahí surgió el término "six hours" que no parábamos de usar Jordi, Lara y yo (tiene relación con el tiempo que supuestamente emplean los kenianos en una relación íntima).
La cerveza corrió a raudales y comimos carne y otros platos preparados en una especie de barbacoa que era mejor no mirar.


Cerveza a raudales con SIX HOURS


Las noches de Mombasa
Esa primera noche de Lara en Mombasa fuimos a la discotecta Florida, donde asistimos a un show bastante digno (por la belleza de los cuerpos masculinos y femeninos) y a la inagotable pesadez de una chica obsesionada por conseguir algo con el bueno de Jordi.
La semana siguiente, tras pasar unos días en Diani Beach (entradas blog Diani Beach - fotos Diani Beach), visitamos la discoteca Casablanca y pudimos comprobar que, tal y como comenta Javier Reverte en "El sueño de África", en Mombasa se puede apreciar el "lado canalla de la vida", con prostitutas aquí y allá y chicos con varias copas de más.

Se dice de Mombasa que aloja el número de prostitutas más alto en África y de los más elevados en el mundo.

No paraba de hablarnos un chico de Nairobi, al que no se le entendía nada y no paraba de repetir que había conocido a Jose María Aznar en Madrid en un viaje que hizo con su universidad.
La siguiente noche visitamos la discoteca "Rio Samba", semivacía pero con buena música. Jordi tuvo la oportunidad de ligarse una chica bastante atractiva que le tiró los trastos, pero la espada de damocles de la sospecha de prostitución pendía, pesada, sobre su mente.

La última noche en Mombasa salimos sólo Jordi y yo y visitamos la costa norte de Mombasa junto con el camarero del pub de nuestro Hotel.
Se trata de una zona llena de Hoteles de 4 y 5 estrellas.
Estuvimos en una discoteca cuyo nombre no consigo recordar. Había la habitual procesión de prostitutas, entremezcladas esta vez con hombres de cierta edad y acompañantes femeninas jóvenes y atractivas e incluso alguna mujer mayor acompañada por algún joven keniano.
En el pub de enfrente casi toda la gente era local y había mucha gente masticando miraa (hierba con propiedades excitantes con el nombre científico de Catha edulis) y depositando los restos en un pequeño cubo sobre cada mesa.
Nuestro compañero de salida nocturna visita a menudo dicha discoteca para buscar compañía. Su mujer vive en Alemania, según nos dijo por trabajo. De hecho nos dijo que desearía poder encontrar una mujer europea.


Por desgracia no pudimos encontrar en Mombasa un solo lugar para salir de fiesta que podamos recomendar, aunque seguro que existe tan lugar.


Mercado de arte de Akamba

Fué especialmente interesante la visita al mercado de arte Akamba, en las afueras de Mombasa. Se trata de una especie de cooperativa, creada hace unos años, en la que dicen participan unos 15.000 artistas.


Cartel a la entrada del mercado de la cooperativa de Akamba

Pudimos observar como tallan diferentes tipos de maderas, entre las cuales se encuentra la tan prestigiosa madera de ébano, que tan íntimamente está ligado a África.

Artista de la cooperativa de Akamba

Hay gente especializada en pulir, en pintar, pero hay támbién artistas que lo hacen todo.

Charlamos con muchos artistas y nos tomamos fotos con algunos de ellos. Fué muy gracioso hacernos fotos con dos chicas que estaban impresionadas con mis rastas y sentían mucha curiosidad por Lara.

Mujeres artistas divertidas

Los artistas marcan el precio de venta (era todo bastante caro) en la tienda que hay allí mismo. La cooperativa se queda un porcentaje de las ventas.

Sección de máscaras de la tienda de la cooperativa Akamba

Gran cantidad de piezas se venden a empresas o personas que las venden a lo largo de Tanzania o incluso de Kenia.

Vino con nosotros, desde Mombasa hasta el mercado de Akamba, un chico que se mantuvo a nuestro lado todo el tiempo y que tenía expectativas de que le premiáramos por su servicio, que no era tal, ya que no le necesitábamos para llegar hasta allí.

Al salir del mercado comimos en el lugar donde comen los artistas. Fué mi comida más barata en mis 2 meses y medio en África. Tan sólo 0,70 € y muchas moscas a nuestro alrededor.

Cocinero del restaurante de Akamba


Estuvimos también en la calle Biashara Street (Biashara significa "negocio" en swahili) comprando kangas.
Hay una tienda de reconocido prestigio, llamada Kaderdina Hajaee Essak Ltd., con una gran variedad de Kikois y Kangas, pero, sobretodo, con cierta garantía de calidad.
No se puede regatear tanto como en otras tiendas, pero uno se asegura haber comprado una buena tela.

Kangas en una tienda en Biashara Street en Mombasa


Bye bye, Mombasa

Abandonamos Mombasa y, como en otras muchas ocasiones a lo largo del viaje, tuve la sensación de que no habíamos conocido todo lo que esa ciudad nos podía ofrecer.

De todas formas, Mombasa no es un destino apreciado por turistas ni viajeros. Las playas están fuera de la ciudad y no tiene un especial encanto.

Sin embargo, es la segunda ciudad de Kenia y es interesante la mezcla de culturas que hay, con diversas tribus viviendo en las cercanías de la ciudad y con la auténtica cultura swahili, de confesión islámica ocupando el casco histórico.










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miércoles 1 de octubre de 2008

Mombasa (1 de 2) - El tren lunático

¿Mombasa en la India?

La palabra Mombasa siempre me ha evocado la época colonial y también me ha transportado siempre a las tierras de la India, quizás por el parecido que guarda con la ciudad india de Mombai.

Al final esa asociación con la India no resulta tan fuera de lugar. Mombasa fué un importante puerto para las relaciones comerciales entre las colonias del Este de África y las tierras del lejano oriente. También fué un puerto franco en el comercio de esclavos.

Esta no fué la única relación que guardó Mombasa con la India. En Mombasa empezaba el llamado "tren lunático". Se trata de la línea de tren que uniría la costa de la que ahora llamamos Kenia con el lago Victoria, ya en la actual Uganda.
El tren fué construido por los ingleses con el principal objetivo de poder llevar tropas rápidamente desde la costa, colonizada desde hacía bastantes años, hasta las nuevas tierras poco exploradas del interior, habitadas por las aguerridas tribus de la actual Uganda, que plantaban cara frecuentemente a los colonizadores ingleses.

El adjetivo "lunático" fué atribuido a la construcción de esta línea férrea por lo descabellada de su idea y el tremendo coste humano y económico que tuvo para la Corona Británica (por encima de los 5 millones de libras, más del doble de lo previsto).
Dado el bajo concepto que tenían los ingleses de los nativos como trabajadores, se llevaron más de 15.000 coolies indios, de las más bajas castas, muchos de los cuales murieron en manos de los leones devoradores de hombres o a causa de la malaria.
A eso hay que sumar los esfuerzos iniciales abriendo camino frente a las valientes tribus del Masai Land, con los que normalmente conseguian un costoso acuerdo final.

En Makindu, a medio camino entre Mombasa y Nairobi, se encuentra el mayor templo hindú de África. En él se llevaron a cabo celebraciones para honrar a toda aquella gente que murió en aquella locura de proyecto.

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¿Mombasa portuguesa?

Mombasa fué en algunos momentos portuguesa. La relación de esta ciudad con el Reino de Portugal fué intensa y sangrante. En varias ocasiones los portugueses asediaron la ciudad; en todas las ocasiones los habitantes de Mombasa resistieron heróicamente.
En alguna ocasión se vieron incluso asediados tanto por los portugueses (por mar) como por tribus del interior. Los portugueses aniquilaron prácticamente toda la población en más de una ocasión, pero el pueblo de Mombasa siempre renació de sus cenizas para volver a plantar cara.

Queda de la breve época de dominio portugues el fuerte "Fort Jesus", que gobiera el cabo de una de las dos rías que rodean la ciudad, que es prácticamente una isla rodeada por 2 puertos naturales.

El pasado de Mombasa es, como el de toda la costa Swahili, se enriquece de una relación con el exterior mucho mayor que el, hasta hace un par de siglos, inexcrutable interior.



¿Mombasa en Mequinenza?

Quiero aprovechar para explicaros una última gran referencia a Mombasa. Se trata del nombre de un pub que había en Mequinenza, pueblo de mis padres y abuelos, en mi época de adolescencia. Allí pasé grandes momentos con Unai Fullola y con Jordi Trébol.
Casualidades de la vida, la familia de Jordi tenía una agencia de viajes llamada "Viatges Masai".

Quizás con este viaje estoy cerrando un ciclo y volveré a encontrarme pronto con Unai y con Jordi, a los que no veo desde hace muchos años

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miércoles 3 de septiembre de 2008

El riesgo de acabar una relación de pareja

Realmente no era necesario hacerlo; no se trata de una de aquellas experiencias que bajo ningún concepto debes perderte si tienes la posibilidad de vivirlas; ni siquiera es algo que te lo pongan en bandeja y resulte difícil decir que no.

Seguramente los riesgos que estaba tomando eran mayores que los beneficios a obtener.
Resulta un poco temerario poder llegar a perder una relación de años por un capricho como ese.

Pero hay veces que a uno le mueves fuerzas que salen del interior, incontrolables. Y la atracción "africana" es más fuerte que el sentido común "europeo".

Al final lo he hecho. Espero que Lara pueda llegar a perdonarme, pero no podía dejar pasar la oportunidad de tener 4 jóvenes mujeres africanas (cada una con un estilo diferente) para mí solo en una habitación, actuando a la vez sobre mi cuerpo, haciéndome retorcer, actuando con tanta velocidad y destreza que a penas me permitían vivir el momento con cierta reflexión.

Alguna era realmente muy joven, pero siempre he pensado que para estas cosas la edad no es tan importante.

No se cuanto costaría en España, pero los 22,5 € que me ha costado no parecen algo descabellado.

Y de repente llegó Lara. No sé como nos encontró.
No aguantó mucho tiempo contemplando tal espectáculo. Se fué, asustada, y me dejó con la tormenta africana atacando por todos los lados. Por delante, por detrás, izquierda, derecha, ... tensando mi piel cada vez más, provocando prácticamente que las lágrimas recorrieran mis mejillas.

Me dejé llevar. Estaba demasiado cerca del climax final como para dejarlo ahí.



Al fin y al cabo, tras tanto hablar de peinados africanos (http://www.jambomondo.com/2008/07/los-peinados-africanos.html), alguien tenía que arriesgarse y experimentarlo en sus propias carnes (concretamente en su cuero cabelludo).

Escoger el tipo de extensiones con las que alargar mi pelo era la decisión más difícil.
Al tener un pelo tan fino me recomendaban un tipo de trenza muy fino que a mí me parecía un poco "nenaza". Yo quería un peinado como el de los chicos rastas de playa que las europeas se llevan a Europa (a ver si Lara me lleva con ella).

Todavía ahora me cuesta mover la cabeza; todavía me tensan los mechones de pelo engarzados en tiras de pelo natural (gracias a la persona que haya vendido su pelo) trenzadas.

Cuatro mujeres sin piedad tensaban, a la vez, desde cualquier punto mi cuero cabelludo, a lo largo de 2 horas de experiencia mística y dolorosa.
Dos horas es ciértamente poco. No quiero ni imaginarme las 4 horas que puede estar una mujer con un peinado un tando complicado.
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El resultado final es peor de lo esperado tras probarme ayer una peluca, pero a la gente de aquí parece que le gusta. Me saludan al pasar, me llaman "rasta-man". Las mujeres asienten con la cabeza o con la mano, seguramente valorando positivamente que haya pasado por ese "sufrimiento"

A Lara no le gusta mucho, pero si le doy el gusto de poder cortárme el pelo un poco en los próximos días (es más largo de lo que quería) se pondrá contenta.

En fin, que he pasado de mirar a la gente a que la gente me mire. A ver como duermo esta noche con todo este aparato sobre mi cabeza.

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lunes 1 de septiembre de 2008

3 dias en la playa

Hemos vuelto a Mombasa tras pasar 3 días en Diani Beach (zona de playa en el sur).


La llegada a Diani Beach

Llegar a Diani Beach ya fue la primera aventurilla. Mombasa es una isla y para moverse al sur hay que cruzar medio Km. a bordo de un ferri de esos que son una enorme plataforma que lleva vehículos y personas.
Llegamos con un tuk-tuk al puerto del ferry. Había más de 1.000 personas esperando. De repente vemos como la gente que iba delante nuestro empieza a correr. Donde fueres haz lo que vieres, así que nos pusimos a correr y la barrera se cerró detrás de nosotros, por lo que fuimos los últimos en subir al ferry.

En una agencia de viajes nos cobraban 20 euros para llevarnos de Mombasa a Diani en taxi; ida y vuelta nos costó tan sólo 7,4 euros cogiendo tuk-tuk y matatus.

Nada más zarpar el ferry un señor que había en la pasarela superior se presentó como predicador, se dirigió directamente a nosotros, casi
los 3 únicos blancos metidos entre más de 1.000 personas, para saludarnos y aprovechó para hacer unas cuantas bromas sanas a nuestra costa que mucha gente rió.
Una vez bajamos del ferry el panorama era el mismo que había visto en la frontera entre Uganda y Kenia en Busia. Mucha gente andando en ambas direcciones y multitud de puestos a un lado y otro de la carretera con una actividad frenética.

Cogimos un matatu y transitamos por calles sin asfaltar flanqueadas por barracas a punto de caerse en las que vendían sobretodo comida. Fué la primera imagen de extrema pobreza que Lara y Jordi han podido ver.


La playa

Estos días la marea subía y bajaba mucho, dejando al descubierto la barrera de coral que protege esta playa o comiéndose toda la arena hasta dejar en nada tan inmensa playa.

El sol en estas latitudes pega de lo lindo, pero con la
crema protectora factor 50 que Lara ha traido no había forma de que un rayo de Sol penetrara nuestra epidermis.

La playa de Diani está genial, casi desierta, si no fuera por ..... los chicos que yo llamo "buscavidas". Viven sólamente de las comisiones de sacan de vender LO QUE SEA a los turistas. Algunos aprenden alemán (son mayoría los turistas venidos de Alemania) o agunas palabras en italiano o en español.
Pueden caminar contigo cientos de metros, inentando entablar amistad y siempre comportándose correctamente pero tardando en detectar cuando uno no está interesado en sus servicios.
Cuando ves a los blancos pasear por la playa
parece que vayan escoltados.
A veces ponerse a leer o a escuchar música con los auriculares es la única forma de librarse de ellos. Son persistentes y cada día lo intentan.
En un buen mes de un buen año (hablando a nivel turístico) pueden sacarse 300 euros en un mes, importe con el que, en esa región, poca gente puede soñar con tener como salario. Han escogido esa vida en lugar de buscar un trabajo estable con el que cobrar entre 30 y 70 euros al mes y tener un jefe al que obedecer.

Existen en toda Kenia intermediarios para casi todos los negocios. Están incluso los que, cerca de las estaciones de autobús, llevan viajeros hasta el autobús en cuestión para conseguir alguna comisión.
Es un sistema muy ineficiente, pero en zonas turísticas puede funcionar, ya que lo que se cobra al cliente permite sin problemas pagar estas comisiones.

Kenia no es un país barato. No tiene nada que ver con los países del sudeste asiático. Es un país caro incluso para la gente que vive aquí. Para nosotros, el problema es que el valor que obtienes, por ejemplo para el alojamiento, es bajo cuando te mueves en presupuestos ajustados (30 euros de gasto total diario). Si quieres bajar más el presupuesto ya tienes que ir a alojamientos en los cuales nos cuesta todavía dormir (dejadnos un par de semanas más y vereis).


Otro tipo de "buscavidas"

La noche de Diani Beach nos presenta otro tipo de "bucavidas". El Tandoori es uno de sus lugares de calentamiento y el Shakatak su templo.
Pueden ser muy persistentes, como los chicos de la playa.
Pueden llegar combatir por un chico, llegando a "atacar" 2 al mismo tiempo. Bueno, es lo que muchos hombres han soñado: dos mujeres guapas (hay que decir que bastantes de ellas lo son) peleándose por tí. Jordi os puede explicar bien lo que se siente.

Siempre es difícil saber que intención tienen. Buscan dinero a cambio de sexo? Sexo y pedir alguna ayuda para sobrevivir? Simplemente algunas copas gratis? Alguien con quien poder llegar a casarse y salir del país? Buscan el morbo de hacérselo con un blanco? O puede ser que simplemente les guste el chico, como ocurre en cualquier lugar del mundo.


Las noches de Diani Beach

Sea como sea, Shakatak es un buen lugar para ir de juerga. El mejor de Diani Beach. Tiene una bonita terraza y una muy animada pista de baile.

En Diani Beach se junta gente de muchas partes de Kenia e incluso de países vecinos como Uganda. Es divertido intentar averiguar de donde son las mujeres en función de su cara, su peinado, la forma de bailar, la forma de vestir, ...
Las kenianas se basan mucho en mover las caderas, lateralmente y delante y atrás. Las ugandesas buscan más el mover alternativamente las nalgas, a gran velocidad cuando se trata de bailarinas actuando.
En ambos casos consiguen calentar la pista y, a veces, algo más.

En Shakatak se juntan también grupos de blancos con ganas de pasarlo bien bebiendo y bailando.

Lo hemos pasado bien en este local las 3 noches y Jordi se ha convertido en el amo de la discoteca. No podíamos seguirle el ritmo.

Tandoori es un buen lugar como paso previo al Shakatak, tanto para cenar como para tomar una copa.
El pollo al curry es especialmente delicioso y la ternera no le anda a la zaga.
La cerveza y el Smirnoff Ice están a buen precio (1,2 euros).

Los sábados tienen siempre un show. Disfrutamos de un gran espectáculo de unos malabaristas-acróbatas que hacían números que en nuestra vida habíamos visto. Cuanto talento en un sitio tan recóndito.

Si algo tiene África es gente. Y esta gente tiene, en general, unas condiciones físicas notables. Es muy, muy difícil ver gente gorda. Sobretodo lejos de las ciudades.


African Pot, maestro Shabaan

Lara decidió, con buen criterio, la primera noche (viernes) que fuéramos a comer al African Pot, restaurante típico de comida africana.
Ya de entrada nos llevó en coche Barasha, de nuestro Hotel, sin pagar nada, cosa que nos ocurriría más veces con otras personas (todo un hallazgo y una muestra de que no todo el mundo intenta cobrar algo al mzungu.

La cena fué muy rica y tanto o más lo fué la conversación posterior con el dueño,
Shabaan, que nos invitó a cenar el domingo siguiente y nos llevó a Shakatak con su coche.
Con 4 restaurantes en la zona, Shabaan es un hombre mayor con mucha cultura y grandes inquietudes.

En la costa Swahili (desde Somalia hasta Mozambique) abunda la gente que sigue la religión del Islam. Nos contaba Shabaan que la mayoría de gente aprende el Corán sin saber lo que significa. El tuvo la curiosidad de conseguir una versión traducida y comprobar que existen en él muchas referencias al antiguo testamento común con los cristianos. Será algo interesante en lo que profundizar en el futuro.


Los colores

Volviendo ya de vuelta a Mombasa apreciamos los colores tan vivos que utilizan para vestir las mujeres de Ukunda y alrededores.
A medida que nos acercábamos al ferri comprobábamos como
los colores iban volviéndose más sobrios y empezaba a predominar el color negro de los bui-buis, tan presente en Mombasa o Lamu.

Una vez más África nos muestra lo difícil que es hablar de un continente homogéneo o incluso de naciones. Cada región tiene costumbres muy arraigadas, con una cultura propia y una forma de entender la vida.
Aunque se pueden encontrar también grandes nexos de unión como la pobreza, la importancia de la familia, ...

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