miércoles 3 de septiembre de 2008

El riesgo de acabar una relación de pareja

Realmente no era necesario hacerlo; no se trata de una de aquellas experiencias que bajo ningún concepto debes perderte si tienes la posibilidad de vivirlas; ni siquiera es algo que te lo pongan en bandeja y resulte difícil decir que no.

Seguramente los riesgos que estaba tomando eran mayores que los beneficios a obtener.
Resulta un poco temerario poder llegar a perder una relación de años por un capricho como ese.

Pero hay veces que a uno le mueves fuerzas que salen del interior, incontrolables. Y la atracción "africana" es más fuerte que el sentido común "europeo".

Al final lo he hecho. Espero que Lara pueda llegar a perdonarme, pero no podía dejar pasar la oportunidad de tener 4 jóvenes mujeres africanas (cada una con un estilo diferente) para mí solo en una habitación, actuando a la vez sobre mi cuerpo, haciéndome retorcer, actuando con tanta velocidad y destreza que a penas me permitían vivir el momento con cierta reflexión.

Alguna era realmente muy joven, pero siempre he pensado que para estas cosas la edad no es tan importante.

No se cuanto costaría en España, pero los 22,5 € que me ha costado no parecen algo descabellado.

Y de repente llegó Lara. No sé como nos encontró.
No aguantó mucho tiempo contemplando tal espectáculo. Se fué, asustada, y me dejó con la tormenta africana atacando por todos los lados. Por delante, por detrás, izquierda, derecha, ... tensando mi piel cada vez más, provocando prácticamente que las lágrimas recorrieran mis mejillas.

Me dejé llevar. Estaba demasiado cerca del climax final como para dejarlo ahí.



Al fin y al cabo, tras tanto hablar de peinados africanos (http://www.jambomondo.com/2008/07/los-peinados-africanos.html), alguien tenía que arriesgarse y experimentarlo en sus propias carnes (concretamente en su cuero cabelludo).

Escoger el tipo de extensiones con las que alargar mi pelo era la decisión más difícil.
Al tener un pelo tan fino me recomendaban un tipo de trenza muy fino que a mí me parecía un poco "nenaza". Yo quería un peinado como el de los chicos rastas de playa que las europeas se llevan a Europa (a ver si Lara me lleva con ella).

Todavía ahora me cuesta mover la cabeza; todavía me tensan los mechones de pelo engarzados en tiras de pelo natural (gracias a la persona que haya vendido su pelo) trenzadas.

Cuatro mujeres sin piedad tensaban, a la vez, desde cualquier punto mi cuero cabelludo, a lo largo de 2 horas de experiencia mística y dolorosa.
Dos horas es ciértamente poco. No quiero ni imaginarme las 4 horas que puede estar una mujer con un peinado un tando complicado.
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El resultado final es peor de lo esperado tras probarme ayer una peluca, pero a la gente de aquí parece que le gusta. Me saludan al pasar, me llaman "rasta-man". Las mujeres asienten con la cabeza o con la mano, seguramente valorando positivamente que haya pasado por ese "sufrimiento"

A Lara no le gusta mucho, pero si le doy el gusto de poder cortárme el pelo un poco en los próximos días (es más largo de lo que quería) se pondrá contenta.

En fin, que he pasado de mirar a la gente a que la gente me mire. A ver como duermo esta noche con todo este aparato sobre mi cabeza.

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