domingo 21 de marzo de 2010

Mombasa (2a parte de 2)

tras la primera entrega acerca de Mombasa, aquí llega la segunda.

La llegada a Mombasa


Jordi y yo llegamos a Mombasa un 26 de agosto, tras 6 agotadoras horas de viaje desde Lamu a lo largo de una horrible carretera llena de baches.

Nada más llegar a Mombasa, la primera en la frente. Pagamos 1,5 € para ir en un tuk-tuk, que en teoría iba a ser un taxi y que ni siquiera pertenecía al chico con el que negociamos, para un trayecto hasta el Hotel que debía costar 0,5 €, tal y como nos había avisado ya Eduardo (a quien conocimos en Lamu).

La habitación en el Hotel Summerlink, que el propio Eduardo nos había recomendado, era más cara (17 € la doble, desayuno incluido) de lo que nos había dicho y no tenían agua caliente. Miramos otros hostales y albergues, pero la diferencia en el precio era poca y eran lugares bastante peores.
Ese día yo no me encontraba nada bien, por lo que me quedé en el Hotel. Jordi se fué a explorar la noche de Mombasa y acabó en el Casablanca, muy animado cualquier noche, pero lleno a rebosar de prostitutas que le agobiaron un poco.

Al día siguiente cogí un autobús a Nairobi para volver un día más tarde con Lara.


"Six hours"

La noche de nuestra llegada estuvimos en uno de esos sitios que encuentras casi de casualidad. Uno de esos lugares cutres en los que encuentras sólo gente local y acabas inevitablemente hablando con gente del país.

Eran 2 primos hermanos, de unos 40 años de edad y con mucha marcha en el cuerpo. Ella, algo así como agente turística, nos ofreció dormir en su casa y que conociéramos Mombasa de su mano. Hablamos largo y tendido de sexo y de ahí surgió el término "six hours" que no parábamos de usar Jordi, Lara y yo (tiene relación con el tiempo que supuestamente emplean los kenianos en una relación íntima).
La cerveza corrió a raudales y comimos carne y otros platos preparados en una especie de barbacoa que era mejor no mirar.


Cerveza a raudales con SIX HOURS


Las noches de Mombasa
Esa primera noche de Lara en Mombasa fuimos a la discotecta Florida, donde asistimos a un show bastante digno (por la belleza de los cuerpos masculinos y femeninos) y a la inagotable pesadez de una chica obsesionada por conseguir algo con el bueno de Jordi.
La semana siguiente, tras pasar unos días en Diani Beach (entradas blog Diani Beach - fotos Diani Beach), visitamos la discoteca Casablanca y pudimos comprobar que, tal y como comenta Javier Reverte en "El sueño de África", en Mombasa se puede apreciar el "lado canalla de la vida", con prostitutas aquí y allá y chicos con varias copas de más.

Se dice de Mombasa que aloja el número de prostitutas más alto en África y de los más elevados en el mundo.

No paraba de hablarnos un chico de Nairobi, al que no se le entendía nada y no paraba de repetir que había conocido a Jose María Aznar en Madrid en un viaje que hizo con su universidad.
La siguiente noche visitamos la discoteca "Rio Samba", semivacía pero con buena música. Jordi tuvo la oportunidad de ligarse una chica bastante atractiva que le tiró los trastos, pero la espada de damocles de la sospecha de prostitución pendía, pesada, sobre su mente.

La última noche en Mombasa salimos sólo Jordi y yo y visitamos la costa norte de Mombasa junto con el camarero del pub de nuestro Hotel.
Se trata de una zona llena de Hoteles de 4 y 5 estrellas.
Estuvimos en una discoteca cuyo nombre no consigo recordar. Había la habitual procesión de prostitutas, entremezcladas esta vez con hombres de cierta edad y acompañantes femeninas jóvenes y atractivas e incluso alguna mujer mayor acompañada por algún joven keniano.
En el pub de enfrente casi toda la gente era local y había mucha gente masticando miraa (hierba con propiedades excitantes con el nombre científico de Catha edulis) y depositando los restos en un pequeño cubo sobre cada mesa.
Nuestro compañero de salida nocturna visita a menudo dicha discoteca para buscar compañía. Su mujer vive en Alemania, según nos dijo por trabajo. De hecho nos dijo que desearía poder encontrar una mujer europea.


Por desgracia no pudimos encontrar en Mombasa un solo lugar para salir de fiesta que podamos recomendar, aunque seguro que existe tan lugar.


Mercado de arte de Akamba

Fué especialmente interesante la visita al mercado de arte Akamba, en las afueras de Mombasa. Se trata de una especie de cooperativa, creada hace unos años, en la que dicen participan unos 15.000 artistas.


Cartel a la entrada del mercado de la cooperativa de Akamba

Pudimos observar como tallan diferentes tipos de maderas, entre las cuales se encuentra la tan prestigiosa madera de ébano, que tan íntimamente está ligado a África.

Artista de la cooperativa de Akamba

Hay gente especializada en pulir, en pintar, pero hay támbién artistas que lo hacen todo.

Charlamos con muchos artistas y nos tomamos fotos con algunos de ellos. Fué muy gracioso hacernos fotos con dos chicas que estaban impresionadas con mis rastas y sentían mucha curiosidad por Lara.

Mujeres artistas divertidas

Los artistas marcan el precio de venta (era todo bastante caro) en la tienda que hay allí mismo. La cooperativa se queda un porcentaje de las ventas.

Sección de máscaras de la tienda de la cooperativa Akamba

Gran cantidad de piezas se venden a empresas o personas que las venden a lo largo de Tanzania o incluso de Kenia.

Vino con nosotros, desde Mombasa hasta el mercado de Akamba, un chico que se mantuvo a nuestro lado todo el tiempo y que tenía expectativas de que le premiáramos por su servicio, que no era tal, ya que no le necesitábamos para llegar hasta allí.

Al salir del mercado comimos en el lugar donde comen los artistas. Fué mi comida más barata en mis 2 meses y medio en África. Tan sólo 0,70 € y muchas moscas a nuestro alrededor.

Cocinero del restaurante de Akamba


Estuvimos también en la calle Biashara Street (Biashara significa "negocio" en swahili) comprando kangas.
Hay una tienda de reconocido prestigio, llamada Kaderdina Hajaee Essak Ltd., con una gran variedad de Kikois y Kangas, pero, sobretodo, con cierta garantía de calidad.
No se puede regatear tanto como en otras tiendas, pero uno se asegura haber comprado una buena tela.

Kangas en una tienda en Biashara Street en Mombasa


Bye bye, Mombasa

Abandonamos Mombasa y, como en otras muchas ocasiones a lo largo del viaje, tuve la sensación de que no habíamos conocido todo lo que esa ciudad nos podía ofrecer.

De todas formas, Mombasa no es un destino apreciado por turistas ni viajeros. Las playas están fuera de la ciudad y no tiene un especial encanto.

Sin embargo, es la segunda ciudad de Kenia y es interesante la mezcla de culturas que hay, con diversas tribus viviendo en las cercanías de la ciudad y con la auténtica cultura swahili, de confesión islámica ocupando el casco histórico.










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jueves 2 de octubre de 2008

Mombasa (2 de 2)

tras la primera entrega acerca de Mombasa, aquí llega la segunda.

La llegada a Mombasa


Jordi y yo llegamos a Mombasa un 26 de agosto, tras 6 agotadoras horas de viaje desde Lamu a lo largo de una horrible carretera llena de baches.

Nada más llegar a Mombasa, la primera en la frente. Pagamos 1,5 € para ir en un tuk-tuk, que en teoría iba a ser un taxi y que ni siquiera pertenecía al chico con el que negociamos, para un trayecto hasta el Hotel que debía costar 0,5 €, tal y como nos había avisado ya Eduardo (a quien conocimos en Lamu).

La habitación en el Hotel Summerlink, que el propio Eduardo nos había recomendado, era más cara (17 € la doble, desayuno incluido) de lo que nos había dicho y no tenían agua caliente. Miramos otros hostales y albergues, pero la diferencia en el precio era poca y eran lugares bastante peores.
Ese día yo no me encontraba nada bien, por lo que me quedé en el Hotel. Jordi se fué a explorar la noche de Mombasa y acabó en el Casablanca, muy animado cualquier noche, pero lleno a rebosar de prostitutas que le agobiaron un poco.

Al día siguiente cogí un autobús a Nairobi para volver un día más tarde con Lara.


"Six hours"

La noche de nuestra llegada estuvimos en uno de esos sitios que encuentras casi de casualidad. Uno de esos lugares cutres en los que encuentras sólo gente local y acabas inevitablemente hablando con gente del país.

Eran 2 primos hermanos, de unos 40 años de edad y con mucha marcha en el cuerpo. Ella, algo así como agente turística, nos ofreció dormir en su casa y que conociéramos Mombasa de su mano. Hablamos largo y tendido de sexo y de ahí surgió el término "six hours" que no parábamos de usar Jordi, Lara y yo (tiene relación con el tiempo que supuestamente emplean los kenianos en una relación íntima).
La cerveza corrió a raudales y comimos carne y otros platos preparados en una especie de barbacoa que era mejor no mirar.


Cerveza a raudales con SIX HOURS


Las noches de Mombasa
Esa primera noche de Lara en Mombasa fuimos a la discotecta Florida, donde asistimos a un show bastante digno (por la belleza de los cuerpos masculinos y femeninos) y a la inagotable pesadez de una chica obsesionada por conseguir algo con el bueno de Jordi.
La semana siguiente, tras pasar unos días en Diani Beach (entradas blog Diani Beach - fotos Diani Beach), visitamos la discoteca Casablanca y pudimos comprobar que, tal y como comenta Javier Reverte en "El sueño de África", en Mombasa se puede apreciar el "lado canalla de la vida", con prostitutas aquí y allá y chicos con varias copas de más.

Se dice de Mombasa que aloja el número de prostitutas más alto en África y de los más elevados en el mundo.

No paraba de hablarnos un chico de Nairobi, al que no se le entendía nada y no paraba de repetir que había conocido a Jose María Aznar en Madrid en un viaje que hizo con su universidad.
La siguiente noche visitamos la discoteca "Rio Samba", semivacía pero con buena música. Jordi tuvo la oportunidad de ligarse una chica bastante atractiva que le tiró los trastos, pero la espada de damocles de la sospecha de prostitución pendía, pesada, sobre su mente.

La última noche en Mombasa salimos sólo Jordi y yo y visitamos la costa norte de Mombasa junto con el camarero del pub de nuestro Hotel.
Se trata de una zona llena de Hoteles de 4 y 5 estrellas.
Estuvimos en una discoteca cuyo nombre no consigo recordar. Había la habitual procesión de prostitutas, entremezcladas esta vez con hombres de cierta edad y acompañantes femeninas jóvenes y atractivas e incluso alguna mujer mayor acompañada por algún joven keniano.
En el pub de enfrente casi toda la gente era local y había mucha gente masticando miraa (hierba con propiedades excitantes con el nombre científico de Catha edulis) y depositando los restos en un pequeño cubo sobre cada mesa.
Nuestro compañero de salida nocturna visita a menudo dicha discoteca para buscar compañía. Su mujer vive en Alemania, según nos dijo por trabajo. De hecho nos dijo que desearía poder encontrar una mujer europea.


Por desgracia no pudimos encontrar en Mombasa un solo lugar para salir de fiesta que podamos recomendar, aunque seguro que existe tan lugar.


Mercado de arte de Akamba

Fué especialmente interesante la visita al mercado de arte Akamba, en las afueras de Mombasa. Se trata de una especie de cooperativa, creada hace unos años, en la que dicen participan unos 15.000 artistas.


Cartel a la entrada del mercado de la cooperativa de Akamba

Pudimos observar como tallan diferentes tipos de maderas, entre las cuales se encuentra la tan prestigiosa madera de ébano, que tan íntimamente está ligado a África.

Artista de la cooperativa de Akamba

Hay gente especializada en pulir, en pintar, pero hay támbién artistas que lo hacen todo.

Charlamos con muchos artistas y nos tomamos fotos con algunos de ellos. Fué muy gracioso hacernos fotos con dos chicas que estaban impresionadas con mis rastas y sentían mucha curiosidad por Lara.

Mujeres artistas divertidas

Los artistas marcan el precio de venta (era todo bastante caro) en la tienda que hay allí mismo. La cooperativa se queda un porcentaje de las ventas.

Sección de máscaras de la tienda de la cooperativa Akamba

Gran cantidad de piezas se venden a empresas o personas que las venden a lo largo de Tanzania o incluso de Kenia.

Vino con nosotros, desde Mombasa hasta el mercado de Akamba, un chico que se mantuvo a nuestro lado todo el tiempo y que tenía expectativas de que le premiáramos por su servicio, que no era tal, ya que no le necesitábamos para llegar hasta allí.

Al salir del mercado comimos en el lugar donde comen los artistas. Fué mi comida más barata en mis 2 meses y medio en África. Tan sólo 0,70 € y muchas moscas a nuestro alrededor.

Cocinero del restaurante de Akamba


Estuvimos también en la calle Biashara Street (Biashara significa "negocio" en swahili) comprando kangas.
Hay una tienda de reconocido prestigio, llamada Kaderdina Hajaee Essak Ltd., con una gran variedad de Kikois y Kangas, pero, sobretodo, con cierta garantía de calidad.
No se puede regatear tanto como en otras tiendas, pero uno se asegura haber comprado una buena tela.

Kangas en una tienda en Biashara Street en Mombasa


Bye bye, Mombasa

Abandonamos Mombasa y, como en otras muchas ocasiones a lo largo del viaje, tuve la sensación de que no habíamos conocido todo lo que esa ciudad nos podía ofrecer.

De todas formas, Mombasa no es un destino apreciado por turistas ni viajeros. Las playas están fuera de la ciudad y no tiene un especial encanto.

Sin embargo, es la segunda ciudad de Kenia y es interesante la mezcla de culturas que hay, con diversas tribus viviendo en las cercanías de la ciudad y con la auténtica cultura swahili, de confesión islámica ocupando el casco histórico.










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lunes 1 de septiembre de 2008

3 dias en la playa

Hemos vuelto a Mombasa tras pasar 3 días en Diani Beach (zona de playa en el sur).


La llegada a Diani Beach

Llegar a Diani Beach ya fue la primera aventurilla. Mombasa es una isla y para moverse al sur hay que cruzar medio Km. a bordo de un ferri de esos que son una enorme plataforma que lleva vehículos y personas.
Llegamos con un tuk-tuk al puerto del ferry. Había más de 1.000 personas esperando. De repente vemos como la gente que iba delante nuestro empieza a correr. Donde fueres haz lo que vieres, así que nos pusimos a correr y la barrera se cerró detrás de nosotros, por lo que fuimos los últimos en subir al ferry.

En una agencia de viajes nos cobraban 20 euros para llevarnos de Mombasa a Diani en taxi; ida y vuelta nos costó tan sólo 7,4 euros cogiendo tuk-tuk y matatus.

Nada más zarpar el ferry un señor que había en la pasarela superior se presentó como predicador, se dirigió directamente a nosotros, casi
los 3 únicos blancos metidos entre más de 1.000 personas, para saludarnos y aprovechó para hacer unas cuantas bromas sanas a nuestra costa que mucha gente rió.
Una vez bajamos del ferry el panorama era el mismo que había visto en la frontera entre Uganda y Kenia en Busia. Mucha gente andando en ambas direcciones y multitud de puestos a un lado y otro de la carretera con una actividad frenética.

Cogimos un matatu y transitamos por calles sin asfaltar flanqueadas por barracas a punto de caerse en las que vendían sobretodo comida. Fué la primera imagen de extrema pobreza que Lara y Jordi han podido ver.


La playa

Estos días la marea subía y bajaba mucho, dejando al descubierto la barrera de coral que protege esta playa o comiéndose toda la arena hasta dejar en nada tan inmensa playa.

El sol en estas latitudes pega de lo lindo, pero con la
crema protectora factor 50 que Lara ha traido no había forma de que un rayo de Sol penetrara nuestra epidermis.

La playa de Diani está genial, casi desierta, si no fuera por ..... los chicos que yo llamo "buscavidas". Viven sólamente de las comisiones de sacan de vender LO QUE SEA a los turistas. Algunos aprenden alemán (son mayoría los turistas venidos de Alemania) o agunas palabras en italiano o en español.
Pueden caminar contigo cientos de metros, inentando entablar amistad y siempre comportándose correctamente pero tardando en detectar cuando uno no está interesado en sus servicios.
Cuando ves a los blancos pasear por la playa
parece que vayan escoltados.
A veces ponerse a leer o a escuchar música con los auriculares es la única forma de librarse de ellos. Son persistentes y cada día lo intentan.
En un buen mes de un buen año (hablando a nivel turístico) pueden sacarse 300 euros en un mes, importe con el que, en esa región, poca gente puede soñar con tener como salario. Han escogido esa vida en lugar de buscar un trabajo estable con el que cobrar entre 30 y 70 euros al mes y tener un jefe al que obedecer.

Existen en toda Kenia intermediarios para casi todos los negocios. Están incluso los que, cerca de las estaciones de autobús, llevan viajeros hasta el autobús en cuestión para conseguir alguna comisión.
Es un sistema muy ineficiente, pero en zonas turísticas puede funcionar, ya que lo que se cobra al cliente permite sin problemas pagar estas comisiones.

Kenia no es un país barato. No tiene nada que ver con los países del sudeste asiático. Es un país caro incluso para la gente que vive aquí. Para nosotros, el problema es que el valor que obtienes, por ejemplo para el alojamiento, es bajo cuando te mueves en presupuestos ajustados (30 euros de gasto total diario). Si quieres bajar más el presupuesto ya tienes que ir a alojamientos en los cuales nos cuesta todavía dormir (dejadnos un par de semanas más y vereis).


Otro tipo de "buscavidas"

La noche de Diani Beach nos presenta otro tipo de "bucavidas". El Tandoori es uno de sus lugares de calentamiento y el Shakatak su templo.
Pueden ser muy persistentes, como los chicos de la playa.
Pueden llegar combatir por un chico, llegando a "atacar" 2 al mismo tiempo. Bueno, es lo que muchos hombres han soñado: dos mujeres guapas (hay que decir que bastantes de ellas lo son) peleándose por tí. Jordi os puede explicar bien lo que se siente.

Siempre es difícil saber que intención tienen. Buscan dinero a cambio de sexo? Sexo y pedir alguna ayuda para sobrevivir? Simplemente algunas copas gratis? Alguien con quien poder llegar a casarse y salir del país? Buscan el morbo de hacérselo con un blanco? O puede ser que simplemente les guste el chico, como ocurre en cualquier lugar del mundo.


Las noches de Diani Beach

Sea como sea, Shakatak es un buen lugar para ir de juerga. El mejor de Diani Beach. Tiene una bonita terraza y una muy animada pista de baile.

En Diani Beach se junta gente de muchas partes de Kenia e incluso de países vecinos como Uganda. Es divertido intentar averiguar de donde son las mujeres en función de su cara, su peinado, la forma de bailar, la forma de vestir, ...
Las kenianas se basan mucho en mover las caderas, lateralmente y delante y atrás. Las ugandesas buscan más el mover alternativamente las nalgas, a gran velocidad cuando se trata de bailarinas actuando.
En ambos casos consiguen calentar la pista y, a veces, algo más.

En Shakatak se juntan también grupos de blancos con ganas de pasarlo bien bebiendo y bailando.

Lo hemos pasado bien en este local las 3 noches y Jordi se ha convertido en el amo de la discoteca. No podíamos seguirle el ritmo.

Tandoori es un buen lugar como paso previo al Shakatak, tanto para cenar como para tomar una copa.
El pollo al curry es especialmente delicioso y la ternera no le anda a la zaga.
La cerveza y el Smirnoff Ice están a buen precio (1,2 euros).

Los sábados tienen siempre un show. Disfrutamos de un gran espectáculo de unos malabaristas-acróbatas que hacían números que en nuestra vida habíamos visto. Cuanto talento en un sitio tan recóndito.

Si algo tiene África es gente. Y esta gente tiene, en general, unas condiciones físicas notables. Es muy, muy difícil ver gente gorda. Sobretodo lejos de las ciudades.


African Pot, maestro Shabaan

Lara decidió, con buen criterio, la primera noche (viernes) que fuéramos a comer al African Pot, restaurante típico de comida africana.
Ya de entrada nos llevó en coche Barasha, de nuestro Hotel, sin pagar nada, cosa que nos ocurriría más veces con otras personas (todo un hallazgo y una muestra de que no todo el mundo intenta cobrar algo al mzungu.

La cena fué muy rica y tanto o más lo fué la conversación posterior con el dueño,
Shabaan, que nos invitó a cenar el domingo siguiente y nos llevó a Shakatak con su coche.
Con 4 restaurantes en la zona, Shabaan es un hombre mayor con mucha cultura y grandes inquietudes.

En la costa Swahili (desde Somalia hasta Mozambique) abunda la gente que sigue la religión del Islam. Nos contaba Shabaan que la mayoría de gente aprende el Corán sin saber lo que significa. El tuvo la curiosidad de conseguir una versión traducida y comprobar que existen en él muchas referencias al antiguo testamento común con los cristianos. Será algo interesante en lo que profundizar en el futuro.


Los colores

Volviendo ya de vuelta a Mombasa apreciamos los colores tan vivos que utilizan para vestir las mujeres de Ukunda y alrededores.
A medida que nos acercábamos al ferri comprobábamos como
los colores iban volviéndose más sobrios y empezaba a predominar el color negro de los bui-buis, tan presente en Mombasa o Lamu.

Una vez más África nos muestra lo difícil que es hablar de un continente homogéneo o incluso de naciones. Cada región tiene costumbres muy arraigadas, con una cultura propia y una forma de entender la vida.
Aunque se pueden encontrar también grandes nexos de unión como la pobreza, la importancia de la familia, ...

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martes 15 de julio de 2008

Y se fue la luz ...

Nota 1: no empezar a ller si no se dispone de 10 minutos de tranquilidad para hacerlo.

Nota 2: por favor, escribir a jambo.mondo@gmail.com para cualquier comentario acerca de la ?grande?longitud de este post.


Me costó mucho conseguir reservar una habitación de Hotel para mi primera noche en Nairobi. La maldita guía Lonely Planet de “East Africa” tenía mal la mayoría de teléfonos.

Según me dijo la chica con la que hablé (llamé desde Skype) abren el Hotel a las 6 a.m. y mi vuelo llegaba a las 4:15 a.m.

Así que me quedé en la cafetería hasta las 5:40 h. No me veía solo en Nairobi a esas horas.

Ahí hice la primera de las cosas que dicen que nunca debes hacer: subirte a un coche de un taxista no oficial. El hombre, Michael, tenía lo de taxista como una forma de captar clientes para Safaris en el aeropuerto. Sus víctimas son recién llegados como yo, con poco presupuesto.

Al subir al coche le comenté que no era taxista y me enseñó los papeles conforme si lo era. En general me dio confianza, aunque reconozco que iba atento a los desvíos que pudiera coger, que no fue ninguno.

Nota: esta escena ha sido vivida por especialistas, no intenten imitar esto en sus viajes.

Pasamos junto a un coche aplastado por un camion junto a la carretera. El de los accidentes de trafico es un problema universal.

Y llegó el momento tan esperado, el de pisar por fin el primer destino. Y no pudo ser más impactante. Qué coño hacía tanta gente en la calle a las 6 de la mañana? Pues un poco de todo. Los había que acababan la juerga, los había que iban a trabajar (menos de los segundos que de los primeros), … No olvidemos que era domingo. Lo de salir el sábado por la noche es universal.

Y allí estaba yo, a las 6 de la mañana entrando en el Wilton Gateway Hotel, acompañado por el amable segurata del Wilton Gateway Pub. “La habitación no quedará libre hasta las 8:30 h.” me dijo con poca simpatía la chica que estaba tumbada en el suelo de la recepción, detrás de unos imponentes barrotes.
Es normal, ¿a quien le gustaría que le despertara un pringao blanquito que llega a esas horas de la madrugada?
“No pasa nada” le digo yo. “Voy a intentar dormir”. Pero nada, tumbado sobre 3 sillas, con antifaz, con tapones, pero sin poder dormir. Había dormido sólo 1 hora sumando los 2 vuelos y creo que ya estaba “pasado de rosca”.

Cuando ya dejé claro que no iba a dormir se acercó la chica, Phoebe (se pronuncia [fivi]) y se puso a hablar conmigo.
Muy simpática la chica. Tiene una amiga que se ha ido, con sus 2 hijos, a vivir a España con un español que ha conocido por Internet.
Phoebe es muy religiosa y no entiende que haya gente que no crea en Dios.
Eso sí, su idea es tener novio, tener un hijo con él, pero no vivir en la misma casa. El motivo es que los hombres son, en general, todavía muy machistas en Kenia, y ella no tiene ganas de estar continuamente discutiendo.

Por cierto, la chica me echó sólo ¡¡ 26 años !!. Eso desbarata los “amables” mensajes de algunos deseándome que llegue a tener la edad que aparento.
No hay nada como ir de mochilero y tener como interlocutor a una mujer y de otra raza (está claro que no habrá visto muchos blancos).

Al dejarme en el Hote el taxista me dijo que me iba a enviar a un compañero suyo. Yo le dije que sí, como a los tontos, pero ahí estaba el cabrón de Richard a las 8:30 h. Me contó que aunque trabaja para la empresa de Michael también lo hace para otras.
Le despaché rápido y me fui a dormir. Me dijo que vendría más tarde, tras mi “siesta matutina”. Volví a decir que sí como a los tontos.

Dormí de 9 a 13 h. Gracias, Lara, por la idea de los tapones y el antifaz.
Y allí estaba él al despertarme, como si tuviera una cámara para ver a que hora me levantaba.

¿Qué puedo decir del Hotel y de mi habitación? El agua caliente no funcionaba, el enchufe tampoco, pero tenía sábanas limpias y toalla.
Espero que pronto podáis ver interesantes detalles del baño.
Pero ¿qué puede uno esperar, en una capital, por 7 € la noche?

Como no tenía nada que hacer y no me iba mal empezar a obtener información de safaris me dejé llevar por él para visitar las agencias de safaris Sana Highlands Trekking Expeditions (Topo me dijo que son unos piratas) y Big Five (la de Michael, bastante conocidos, según Topo).
Los precios son similares para ambos safaris, unos 100 $ por día, comidas incluidas y durmiendo en tiendas. Hay que tener en cuenta que pierdes un día entre la ida y la vuelta.
En la primera agencia encontré una pareja de eslovenos que acababan de llegar para estar 5 semanas en Kenia + Tanzania. Ella había estado 1 año sabático en América Central y Suramérica.

Ya puestos, el hombre me llevó a un buen lugar para comer. El Simmers, bastante conocido en Nairobi. Un sitio al aire libre, correcto.
Allí hice la segunda de las cosas que uno no debe hacer: dejar que se te enganche un buscavidas de estos. Como no se iba y me sabía mal decirle que se pirara, le invité a una cerveza, pero la segunda que se tomó ya me supo mal.
Creo que entendió que no quería volver a verlo..

En otra mesa había un grupo de cooperantes, una de ellas colombiana.

Por lo visto en el Simmers se puede escuchar buena música y van todo tipo de buscavidas, prostitutas, guiris, … Un día espero ir a escuchar música en directo.

Tras haber comido, fui a ver otro hotel, el Terminal Hotel (12 € / noche), marcado como preferido entre los ¨budget hotels¨ por el experto de la Lonely Planet.
Realmente era un poco mejor, pero Topo tampoco me lo recomendaba.

Y a continuación inicié la búsqueda y captura de una tarjeta SIM de móvil keniana. Me metí en pleno meollo del centro (downtown) en River Road y aledaños, justo las calles que no recomiendan visitar y menos solo. Ahi hice la tercera cosa que uno no debe hacer.
Pero que queréis que os diga, no llevaba nada de valor encima y me encontraba de puta mare entre cientos y cientos de personas (negras, no lo olvidemos). Una auténtica locura de gente caminando, cogiendo matatus (furgonetas llenas hasta reventar), autobuses, cruzando por todas partes, etc..

La sensación de no ver ni un solo blanco en 1 hora por esa zona fue fantástica. Dentro de la multitud me siento mucho más seguro que en calles solitarias. Y el ritmo, el olor, etc.. me ecantan.

No quiero hacer referencia al color de la piel de la gente. No me considero racista (como habria empezado este viaje aqui sino?), pero no voy a mentir y negar que impone un poco de respeto estar rodeado de muchas personas de raza negra, por motivos que no voy a empezar a desarrollar aqui.
Mi primera experiencia similar fue con Jordi en una discoteca de Amsterdam.

Por cierto, las sábanas del hotel Wilton Gateway olían como la gente de la calle, y es un olor que me encanta. Yo creo que se parece un poco al olor del arroz (el asiático o el africano) hervido.

Ya por fin quedé con Topo. Tomamos un café en el Savanna, uno de los muchos cafés modernos, estilo europeo, que están abriendo en Nairobi.

Topo lleva 15 años viviendo en Kenia. Decidió entonces dejar la vida que tenía y bajarse con su vespa desde Espanya hasta Kenia. Debería escribir un libro y seguramente sería un historia digna también de una película.
Organiza safaris con su empresa Topo Safaris, en la que tiene un socio que es masai y se ha tirado a empresario.

Cuando uno visita Kenia (supongo que será igual en la mayoría de países africanos) entiende que Topo pudiera engancharse a este país y este estilo de vida.

Dimos una vuelta por la zona “buena” de la ciudad. Y me recomendó no ir andando por la mayoría de calles tras anochecer (ocurre a las 19 h. de aquí).
Me llevó en coche al Hotel.

Una vez allí me di cuenta de porqué es tan barato ese hotel. El pub que hay bajo el Hotel no es un problema, pero encima, justo encima hay una discoteca donde ¡¡ tocan en directo !! Es como si tu vecino le estuviera dando a la guitarra eléctrica.

Y como dice el refrán: si no puedes con tu enemigo, alíate con él. Y como el ritmillo de la música enganchaba mucho, allá que me fui.
Cuando la de recepcionista del Hotel (no era Phoebe) me vio con la bandolera me dijo que estaba loco, que me iban a robar. Le hice caso y subí sólo con la cámara de fotos en el bolsillo y la cartera con poco dinero.

Menudo garito …. Más oscuro no lo podían hacer. Al principio pensaba que estaba casi vacío. Ahora es invierno en Kenia y la gente va con la moda de invierno, es decir, colores oscuros. Y como son negros, casi no los ves en la oscuridad.
A medida que la vista se me acostumbró vi que estaba bastante lleno. ¿Era para acojonarse? Bueno, cuando el guardia de seguridad me dio la mano y apretó fuerte al entrar, y me pasó un detector de metales, ….. podía parecer un sitio peligroso, pero lo cierto es que se veía a la gente disfrutar pacíficamente.

La música, creo que era de origen congoleño, era muy animada y pegadiza. Se bastaba un cantante con guitarra eléctrica que repite una melodía muy característica y una batería. Después se unió una chica a cantar.
Grabe un poquito de video con la camara mala, espero colgarlo algun dia.

En algún momento pensé que era un garito gay, pues sólo salían a bailar chicos. Bueno, alguno llevaba unas cuantas cervezas, pero otros no, y bailaban en plan un poco gay, como Carlton en Principe de Bel-Air.

Me gustó la música, así que me decidí a pedir una segunda cerveza. Justo en ese momento se sentaron 2 chicas a mi lado, una de ellas una chica muy alta, ugandesa, con labios enormes. Y no encontré los billetes, parecía que me los había dejado en la habitación. Qué vergüenza. La chica se ofreció a prestárme dinero, pero preferí volver a la habitación. No hizo falta, porqué estaban en la cartera, muy escondidos.
Volví para seguir disfrutando del concierto.
Estuve a un plis de salir a bailar, pero pense que ya habra mas oportunidades.

La chica ugandesa, Rihanna, me recomendó algunos sitios para salir en Kampala, capital de Uganda, y me dio su móvil por si quería que me enseñara la ciudad.

Cuando hicieron una pausa aproveché para irme a dormir. Eran las 22 h.

¿Dormir? ¿Quién ha dicho dormir? Casi me vibraban los tapones para los oídos cada vez que el batería le daba a los platillos.

Pero ese Dios con el que empezó el día, el Dios de Phoebe, decidió echarme una mano. Se fue la luz y pude empezar a dormir, hasta el día siguiente a las 8 h.

Próximo post: “Soy Kamacho y he perdido un ojo”

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