sábado 30 de agosto de 2008

Miedos y gozos

Esta tarde hemos tenido algunos de esos momentos mágicos a los que sólo la improvisación te puede llevar.

Ukunda es la población principal junto a las playas de Diani, en el sur de Mombasa, donde nos encontramos desde ayer hasta el lunes. Tras una segunda noche consecutiva de juerga loca y un d'ia de playa hemos quedado abatidos tras la comida en el 'hotel' (Diani Beach Campsite & Cottages) y nos hemos despertado a base de partidas de cartas al 'rápido', juego 'de piscina' de nuestra época adolescente en El Pont de Suert.

Hemos ido a Ukunda a pasear un poco por el pueblo que, como muchos otros, se distribuye lo largo de la carretera.

Me ha costado mucho, pero he conseguido convencer a Jordi y Lara para callejear un poco, ya atardeciendo. Quizás tengan razón y sea un poco inconsciente y necesite que me den un susto. Pero de momento no he sentido inseguridad en los lugares que he visitado, y la única norma estricta que me marco es no caminar de noche por calles con mala pinta (no confundir mala pinta con calles poco arregladas o pobres, que es lo habitual) solo por la noche.

Hemos llegado hasta el mercado, con puestos de frutas y verduras, muchos de ellos ya desmontados.

Al pasar el mercado había un grupo de niños. Como he hecho con otra gente que hemos ido encontrado por la calle, les he saludado y me han contestado muy educadamente. Me he parado con una niña de unos 2 anyos para decirle lo mucho que me gustaba su pelo, y ahí ha empezado todo.
Los ni
ños se han ido acercando uno a uno para saludar, Lara ha sacado la cámara y ya entonces se han juntado todos para salir en la foto y han empezado a flipar al ver como han quedado las fotos. Todo ha acabado con unos 20 niños cantando y jugando con Lara mientras Jordi y yo entrábamos y salíamos del grupo mientras hablábamos con un chico que está acabando el instituto y nos contaba lo contentos que se ponen los ninyos cuando ven hombres blancos.

Ha sido un momento mágico y lo hemos cortado para seguir nuestro paseo y dejar a los niños seguir jugando.


Sin saber como, nuestros pasos nos han llevado a un garito donde tocaban música Luo (el mismo tipo de música que mi primera noche en África ) y hemos decidido ser los primeros en ponernos a bailar.
Se ha ido uniendo gente a la pista de baile y el garito ha empezado a llenarse.

Creo que Lara y Jordi están apreciando tanto como yo esos momentos, que quedan muy lejos de safaris, playas paradisíacas, hoteles y restaurantes de lujo, pero quedan muy cerca de uno de los centros neurálgicos de la felicidad, quedan muy cerca del corazón.

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